Detención del líder de la CAM genera alocadas, ignorantes y torpes declaraciones de parlamentarios

Los comentarios “delirantes” de los “honorables” dejan mucho que desear de una clase política que debe ser el camino entre la ciudadanía y el poder en La Moneda, principalmente para canalizar las demandas solicitadas o que requiere una sociedad, pero solo vemos parte de una clase política que solamente suele verse el ombligo y atraer caudal a su molino.

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La detención del líder de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), Héctor Llaitul, las reacciones variopintas no se hicieron esperar y es que los “honorables” del Congreso se mandaron flor de declaraciones, algunas irrisorias, otras literalmente delirantes, otras que evidencian la ignorancia de algunos; pero sobre todo evidencia la torpeza a la hora de opinar con el fin de salir en la prensa. Es decir la mala política en toda su expresión y que valida la crítica a estas “graciosas señorías” que son las grandes reposables de la crisis de confianza en la política.

Tenemos que comenzar esta crónica con las “hilarantes”, “delirantes” y “torpes” comentarios de un diputado que ha estado en el escenario público en los últimos días y ha provocado escozor dentro de la mal clase política tan moderada para expresar sus pensamientos, incluso sufriendo algunos “lapsus linguae”, como es el caso de Gonzalo de la Carrera, ex Republicano que tuvo que salir de la colectividad por sus tuit “pasado de revoluciones” y que sigue dando que hablar por su incontinencia verbal.

Luego del arresto de Llaitul, De la Carrera volvió a sacar su estilete y en un posteo señaló que “Detenido el líder de la CAM el terrorista Héctor Llaitul. La reacción de la CAM antes del plebiscito será determinante para saber si esto es una estrategia electoral o un tongo”.

Queremos saber si esto es una estrategia electoral y gran parte de esa respuesta tendrá que ver en como reacciona estos días la CAM habiéndose detenido su líder. Si se queda silenciosa y no hay violencia sería muy sospechoso”, señala el cuestionado parlamentario colocando un manto de duda en la labor realizada por la Fiscalía y la PDI.

Sin embargo, De la Carrera no fue el único, ya que la presidenta de la Federación Regionalista Verde Social (FRVS), Flavia Torrealba, calificó de “curioso” el momento en que se detiene Llaitul.

“Prefiero hacer mi voto de confianza hacia el sistema judicial. Confiamos en los jueces de este país y veamos cómo avanza el proceso”, añadió.

Además, dijo esperar que este hecho no tenga mayor influencia en el plebiscito del 4 de septiembre, afirmando que “es necesario observar los procedimientos y el respeto por los derechos humanos de todos los ciudadanos”.

A su vez, el senador Republicano, Rojo Edwards, también fue parte de estos “lapsus” políticos, puesto que ante la prensa aprovechó de mandar su “avisito” en contra de la nueva Constitución al señalar que “si el señor Llaitul hubiese sido detenido con el nuevo texto propuesto por la Convención Constituyente, hubiese sido juzgado por la justicia de Temucuicui y, posiblemente, dejado libre en minutos”.

En tanto, el secretario general del PC, Lautaro Carmona, llamó a no sacar provecho político de este tema y dejar que sea la justicia la que haga su trabajo.

Ante la posibilidad de que el arresto del líder de la CAM tenga efectos políticos, Carmona dijo que “espero que no, espero que seamos capaces de que el tema del plebiscito sea mucho más grande y de trascendencia histórica”.

Por su parte, la diputada Pamela Jiles posteó en Twitter que “Toda mi solidaridad con Héctor Llaitul encarcelado x invocación del gobierno de la ley de seguridad del estado. Presidente @gabrielboric es responsable de su valiosa vida, su integridad y el respeto a Convenio 169, Declaración de Los Pueblos Indígenas y demás tratados”.

Los comentarios “delirantes” de los “honorables” dejan mucho que desear de una clase política que debe ser el camino entre la ciudadanía y el poder en La Moneda, principalmente para canalizar las demandas solicitadas o que requiere una sociedad, pero solo vemos parte de una clase política que solamente suele verse el ombligo y atraer caudal a su molino.

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