jueves, febrero 22, 2024

Perros, fieles amigos del hombre

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Hachiko: su lealtad le dio la fama y su fama le ayudó a salvar la raza

Todos conocemos su historia. Él es Hachiko, un perro de raza Akita Inu nacido en 1923. Este adorable peludo viajó hasta Tokio junto a su dueño Hidesamuro Ueno, un profesor de Universidad. Hachiko acompañaba cada día a su amigo a la estación de tren de Shibuya cuando éste se iba al trabajo. Por la noche volvía hasta la estación para esperarlo a su llegada. En 1925, Hidesamuro Ueno sufrió un paro cardíaco mientras impartía clase y murió. Esa noche Hachiko, como cada día, acudió a la estación a recibir a su dueño, y como éste no llegaba, el fiel compañero permaneció allí toda la noche esperándolo. Y así durante los siguientes 9 años de su vida. Hachiko permaneció inmóvil en la estación de tren durante todo el tiempo que vivió, con la esperanza de que algún día Hidesamuro regresara a casa.

Todos aquellos que fueron testigos de la bonita relación entre Hachiko y Hidesamuro se encargaron de alimentarlo y cuidarlo cuando su dueño falleció. Unos años más tarde, un antiguo alumno de Ueno se enteró de la historia y decidió publicarla, apareciendo así en todos los medios de comunicación japoneses. Gracias a ello Hachiko se ganó la fama nacional y consiguió salvar su raza, de la que únicamente quedaban 30 ejemplares en todo el país. Conmovido por la historia, el pueblo le dedicó una estatua justo en el lugar dónde Hachiko esperó durante tantos años el regreso de su dueño.

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Fido, toda una vida esperando a su amigo en la estación de tren

También fue en una estación de tren de un pueblo italiano dónde Fido permaneció esperando a su dueño que nunca regresaría. La rutina de Luigi y Fido era parecida a la de Hidesamuro y Hachiko.

Fido acompañaba todas las mañanas a su dueño Luigi al tren que le llevaría al trabajo. Por la tarde volvía a recogerlo y ambos se iban a casa juntos y felices. Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, Luigi fue reclutado en el frente ruso. Desafortunadamente, nunca regresó. Pero Fido seguía yendo todos los días a la estación en busca de su amigo. Subía a los trenes y buscaba entre los pasajeros. Tras horas de búsqueda y espera, regresaba a casa triste y abatido, donde se reunía con los padres de su dueño. Fido siguió haciendo el mismo recorrido durante años, hasta que una tarde de invierno, Fido no regresó a casa. A la mañana siguiente, los vecinos encontraron su cuerpo congelado entre la nieve.

Todo el pueblo sintió su pérdida, ya que su historia era bien conocida. En su honor, los vecinos decidieron levantar una estatua situada cerca de la misma estación de ferrocarril que Fido visitaba a diario. Además, en ella se puede leer: “A Fido, un ejemplo para todos los humanos de lo que es la máxima expresión del amor y la fidelidad”.

Bobby, el fiel compañero de John Gray que custodió su tumba durante 14 años

John Gray era un policía de Edimburgo que no se separaba de su adorable perro Bobby. Este pequeño se había ganado a todo el vecindario, ya que John le había enseñado a hacer algunos trucos que dejaban a todos encantados.

En 1858 John falleció a consecuencia de una tuberculosis repentina. Desde entonces, Bobby permaneció junto a su lápida durante los 14 años que siguió viviendo. Únicamente se separaba de ella para cobijarse de la nieve y para conseguir algo de agua y comida. Bobby se convirtió en una leyenda local, y los vecinos le llevaban comida y lo visitaban para saber si estaba bien. Bobby murió en 1872 sobre la tumba de su amo y, como no podía ser enterrado junto a él, le dedicaron una estatua en el pueblo. Además, tuvieron el bonito gesto de construir la estatua mirando hacia la tumba de John Gray.

12 años en la puerta del hospital: Canelo nunca abandonó a su dueño

Canelo acompañaba a su dueño a todas partes, incluso al tratamiento de diálisis una vez por semana. Un día el tratamiento se complicó y su dueño no salió cuando su peludo lo esperaba. Canelo siguió esperándolo durante 12 años a las puertas del hospital, con la esperanza de que en cualquier momento aparecería por la puerta, pero también llegó su hora. Su historia es tan conocida en Cádiz que en reconocimiento a su cariño y lealtad pusieron su nombre a una calle de la ciudad y colocaron una placa en su honor.

Tras estar 3 meses desparecido, Yanu volvió a casa

La historia de Yanu tiene un final feliz. Su amor incondicional y fidelidad le llevó a recorrer una larga distancia en busca de sus amos. Yanu salió a pasear un día con sus dueños por Madrid y se perdió. Ellos lo buscaron desesperadamente por todas partes, pero no hubo suerte y tras varios intentos desistieron. Unos días más tarde, Yanu fue encontrado y lo llevaron a la perrera de Leganés, de la cual consiguió escapar. Casi tres meses después, un día cualquiera, sus dueños llegaron a casa y Yanu estaba preparado para recibirles en el portal. Había recorrido más de 15 kilómetros y atravesado una gran cantidad de carreteras y autopistas. Nadie se explica cómo, pero Yanu quiso y supo volver a casa con sus dueños.

Fuente: Marie Claire

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