El teletrabajo llegó para quedarse y trajo grandes beneficios, pero también un costo que muchos no ven venir, los dolores de espalda. Y es que trabajar desde el sillón, la cama o la mesa del comedor pasa la cuenta con el tiempo. Así, lo que parece cómodo al principio termina afectando la postura y la salud de miles de personas.
Este problema es más común de lo que se cree y suele avanzar en silencio. Por eso, entender por qué ocurre y cómo prevenirlo es clave para cuidar el cuerpo a largo plazo. A continuación, revisamos el impacto real de improvisar el espacio de trabajo y qué hacer al respecto.
Una crisis silenciosa en los hogares chilenos
Los trastornos musculoesqueléticos se han vuelto una molestia frecuente entre quienes trabajan desde casa. En efecto, reportes de organismos ligados a la salud laboral, como la SUSESO y la ACHS, dan cuenta de un aumento de estas dolencias en el contexto del trabajo remoto. Por lo mismo, el fenómeno es transversal y sostenido.
Las cifras del sector reflejan la magnitud del asunto. De hecho, algunos estudios señalan que una gran proporción de los teletrabajadores informales sufre molestias físicas por malas condiciones. A esto se suma la Ley 21.220 sobre teletrabajo, que exige adecuar los espacios, aunque en la práctica aún existe una brecha importante en su cumplimiento.
El comedor como oficina: Un error que se paga caro
Improvisar la estación de trabajo tiene consecuencias anatómicas concretas. Por ejemplo, al pasar más de seis horas seguidas en una silla sin soporte lumbar, la zona baja de la espalda se sobrecarga y aumenta la compresión sobre la columna. En el fondo, el cuerpo simplemente no está diseñado para eso.
La altura de la mesa es otro factor clave. Y es que las mesas tradicionales no calzan con la postura correcta, lo que genera sobrecarga en hombros, trapecios y cervicales. Además, apoyar mal los antebrazos eleva el riesgo de tendinitis y del síndrome del túnel carpiano, molestias difíciles de revertir una vez instaladas.
De la molestia a la lesión: Cómo prevenir
La buena noticia es que estos problemas se pueden evitar con ajustes simples. En primer lugar, los especialistas en ergonomía recomiendan organizar bien el espacio de trabajo, cuidando la distribución y las distancias. De esta forma, una estación pensada para el cuerpo cambia por completo la experiencia diaria.
La superficie de trabajo es un buen punto de partida. Por eso, renovar la estación con escritorios adaptados a la estatura ayuda a mantener una postura natural y sin tensión. A eso conviene sumar pausas activas y ejercicios compensatorios cada cierto tiempo, que alivian la carga sobre la columna a lo largo de la jornada.
Qué considerar para una oficina en casa saludable
Al momento de equipar el espacio, el asiento es lo más importante. En concreto, conviene elegir sillas de escritorio con soporte lumbar regulable y descansabrazos ajustables, que acompañen la espalda durante horas. Por eso, ese respaldo marca la diferencia entre terminar el día cansado o adolorido.
La ubicación del monitor también cuenta mucho. Idealmente, la pantalla debe quedar a la altura de la línea de visión, para no forzar el cuello. Así, sumando accesorios que ayuden a mantener los 90 grados en las articulaciones, se logra una postura sana y sostenible en el tiempo.


