Miércoles 6 De Mayo De 2026
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Opinión

42 horas: una prueba de gestión empresarial

42 horas: una prueba de gestión empresarial

Por: Cristina Nahum, subdirectora Escuela de Administración y Negocios Duoc UC.

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Ya se encuentra en vigencia la Ley 21.561 que reduce la jornada semanal de 44 a 42 horas. La pregunta ahora es cómo sostener la productividad en menos horas. Sin embargo, antes de preguntarse cuánto tiempo se necesita, las organizaciones deberían preguntarse cómo están trabajando hoy.

El contexto es exigente. La productividad en Chile se ha mantenido prácticamente estancada en los últimos años, con variaciones cercanas a 0%, y en la última década su crecimiento ha bordeado apenas el 1% anual. En ese escenario, reducir la jornada laboral expone el problema.

En muchas organizaciones la pérdida de eficiencia responde a la forma en la que se utilizan las horas de trabajo. Reuniones extensas sin objetivos claros, duplicidad de funciones, procesos innecesariamente complejos y dispersión en tareas de bajo impacto son parte de una estructura que ya operaba con fricciones. La reducción de la jornada obliga a enfrentar esas ineficiencias.

El desafío no es hacer lo mismo en menos tiempo, sino dejar de hacer lo que no agrega valor. Eso implica rediseñar procesos, simplificar estructuras y priorizar con mayor rigor. Para muchas empresas este puede ser el primer punto de inflexión real para revisar cómo operan.

A esto se suma un cambio en los estilos de liderazgo. Modelos basados en la supervisión constante pierden viabilidad en un esquema de menor disponibilidad horaria. En su lugar, se vuelve necesario avanzar hacia liderazgos centrados en resultados, autonomía y responsabilidad compartida.

El bienestar laboral, por su parte, pasa a ser una condición de productividad. Equipos más descansados y con mayor equilibrio entre vida personal y trabajo mejoran su desempeño individual y sostienen resultados en el tiempo.

La experiencia internacional muestra que las reducciones de jornada pueden tener efectos positivos, pero esos resultados no son automáticos. Dependen de la capacidad de las organizaciones para ajustar sus prácticas y de la calidad de sus decisiones de gestión.

La discusión sobre las 42 horas no debería centrarse únicamente en el cumplimiento de la normativa. El verdadero riesgo no es trabajar menos, sino seguir trabajando igual. Cuando las organizaciones no revisan cómo operan, la reducción de jornada no mejora la productividad: solo hace más visibles sus ineficiencias.