Sábado 25 De Abril De 2026
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Zapallar y el 21 de mayo: una decisión que interpela a la identidad nacional

Zapallar y el 21 de mayo: una decisión que interpela a la identidad nacional

Por: Juan Rafael Mery, Fundación Mar de Chile

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La decisión del alcalde de Zapallar de suspender el desfile del 21 de mayo para reasignar recursos a ayudas sociales abre una discusión legítima, pero también delicada, sobre el equilibrio entre las urgencias materiales y los símbolos que sostienen la identidad de un país. Chile enfrenta necesidades sociales reales que exigen respuestas concretas; sin embargo, no todos los recursos se miden únicamente en términos financieros, pues existen inversiones intangibles, como la educación cívica y la memoria histórica, que forman ciudadanos y proyectan nación.

El 21 de mayo no es una fecha cualquiera. Conmemora el Combate Naval de Iquique, donde la figura de Arturo Prat Chacón encarna valores fundacionales como el deber, el honor y el compromiso con el país por sobre el interés personal. Suspender un acto conmemorativo en torno a esta gesta no es solo cancelar un desfile; es debilitar un espacio pedagógico vivo donde generaciones, especialmente niños y jóvenes, conectan con esos valores de manera concreta, emocional y formativa.

Desde la perspectiva de la educación cívica, estos actos cumplen una función insustituible: permiten comprender que la historia no es un relato lejano, sino una herencia activa que define nuestra conducta como sociedad. En un país que aspira a fortalecer su cohesión social, reducir estas instancias puede, paradójicamente, empobrecer el tejido que sostiene la convivencia democrática.

Más aún, en un Chile que busca consolidar su “conciencia marítima”, el 21 de mayo constituye un pilar simbólico esencial. La gesta de Iquique no solo es un episodio heroico, sino también una expresión profunda de nuestra relación con el mar, ese espacio que proyecta a Chile como nación tricontinental, abierta al mundo y definida por su vocación oceánica. Restar visibilidad a esta conmemoración implica, en cierta medida, retroceder en la tarea de formar una ciudadanía que comprenda la relevancia estratégica, cultural y económica del mar.

En definitiva, la decisión puede ser comprensible desde la urgencia social, pero resulta discutible desde una mirada de largo plazo. El desafío no debería ser optar entre ayuda social y memoria histórica, sino encontrar fórmulas que permitan sostener ambas dimensiones. Porque un país que descuida sus símbolos y su educación cívica corre el riesgo de perder aquello que precisamente le da sentido a su desarrollo: su identidad, su historia y los valores que la sostienen.

La decisión del alcalde de Zapallar de suspender el desfile del 21 de mayo para reasignar recursos a ayudas sociales abre una discusión legítima, pero también delicada, sobre el equilibrio entre las urgencias materiales y los símbolos que sostienen la identidad de un país. Chile enfrenta necesidades sociales reales que exigen respuestas concretas; sin embargo, no todos los recursos se miden únicamente en términos financieros, pues existen inversiones intangibles, como la educación cívica y la memoria histórica, que forman ciudadanos y proyectan nación.

El 21 de mayo no es una fecha cualquiera. Conmemora el Combate Naval de Iquique, donde la figura de Arturo Prat Chacón encarna valores fundacionales como el deber, el honor y el compromiso con el país por sobre el interés personal. Suspender un acto conmemorativo en torno a esta gesta no es solo cancelar un desfile; es debilitar un espacio pedagógico vivo donde generaciones, especialmente niños y jóvenes, conectan con esos valores de manera concreta, emocional y formativa.

Desde la perspectiva de la educación cívica, estos actos cumplen una función insustituible: permiten comprender que la historia no es un relato lejano, sino una herencia activa que define nuestra conducta como sociedad. En un país que aspira a fortalecer su cohesión social, reducir estas instancias puede, paradójicamente, empobrecer el tejido que sostiene la convivencia democrática.

Más aún, en un Chile que busca consolidar su “conciencia marítima”, el 21 de mayo constituye un pilar simbólico esencial. La gesta de Iquique no solo es un episodio heroico, sino también una expresión profunda de nuestra relación con el mar, ese espacio que proyecta a Chile como nación tricontinental, abierta al mundo y definida por su vocación oceánica. Restar visibilidad a esta conmemoración implica, en cierta medida, retroceder en la tarea de formar una ciudadanía que comprenda la relevancia estratégica, cultural y económica del mar.

En definitiva, la decisión puede ser comprensible desde la urgencia social, pero resulta discutible desde una mirada de largo plazo. El desafío no debería ser optar entre ayuda social y memoria histórica, sino encontrar fórmulas que permitan sostener ambas dimensiones. Porque un país que descuida sus símbolos y su educación cívica corre el riesgo de perder aquello que precisamente le da sentido a su desarrollo: su identidad, su historia y los valores que la sostienen.