- Especialista explica cómo funcionan las terapias farmacológicas como la semaglutida, quiénes pueden recibirlas y los riesgos de adquirirlas en el comercio informal.
Lejos de ser un problema estético, la obesidad es reconocida por la OMS como la mayor crisis de salud pública del siglo XXI, una enfermedad multifactorial que obliga a los sistemas de salud a sustituir el juicio social por la empatía y la ciencia. Chile no está ajeno a esta realidad. Según la OCDE, es el segundo país con mayor tasa de obesidad en mayores de 14 años, solo por detrás de Estados Unidos y el primer país con sobrepeso. Además, en la década (2013–2023), la obesidad registró en Chile un crecimiento de 204%.
La introducción de los tratamientos GLP-1, como la semaglutida, ha marcado un antes y un después en la práctica clínica. Estos fármacos han demostrado reducciones de peso de entre el 15% y el 22%, cifras antes solo alcanzables mediante cirugía bariátrica.
Según explica la doctora Liselotte Becker, especialista en Microbiología Clínica y Senior Manager Medical Affairs de Laboratorio Chile, la semaglutida no solo estimula la insulina, sino que actúa a nivel del sistema nervioso central aumentando la saciedad e inhibiendo el apetito. “Se trata de una opción de tratamiento clave para pacientes con IMC ≥ 30 kg/m² o de 27 kg/m2 en el caso de personas con comorbilidades, siempre bajo supervisión médica. Además de sus buenos resultados en el control del peso, estos fármacos aportan beneficios cardiovasculares significativos, reduciendo drásticamente el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares”, precisa.
La especialista advierte que la innovación farmacológica no es una solución mágica aislada, sino parte de un abordaje integral que debe incluir cambios en el entorno, estilo de vida, e idealmente políticas públicas que modifiquen los entornos obesogénicos y cambios culturales que prioricen la salud metabólica.
Respecto al auge que están teniendo estos tratamientos, la doctora Becker enfatiza en la relevancia de la supervisión médica. “Es indispensable que un médico haga el seguimiento para ajustar dosis, monitorear efectos secundarios y asegurar que el tratamiento sea parte de una estrategia de salud a largo plazo. El uso de estos medicamentos sin una prescripción y vigilancia médica adecuada no solo compromete el objetivo terapéutico, sino que expone a las personas a riesgos graves de salud”, apunta la especialista.
A pesar de su eficacia, el acceso a estos avances sigue siendo limitado debido a su alto costo, lo que acentúa la brecha de equidad en salud y ha estado impulsando la preocupante proliferación de un mercado negro en ferias libres, redes sociales y sitios web no autorizados. El riesgo es que estos medicamentos pueden estar adulterados o contener ingredientes tóxicos, provocando desde intoxicaciones graves hasta daños irreparables.
Es por ello que, según la doctora Liselotte Becker, la disponibilidad de alternativas genéricas de alta tecnología es un paso fundamental para garantizar que el tratamiento de una enfermedad tan compleja no sea un privilegio, sino un derecho accesible y seguro para todos.









