Jueves 2 De Abril De 2026
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A 44 años del inicio de la guerra que traumatizó Argentina y consolidó el dominio de Reino Unido en las Falkland

A 44 años del inicio de la guerra que traumatizó Argentina y consolidó el dominio de Reino Unido en las Falkland

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Hace 44 años, y tras un breve combate, habida cuenta la enorme desproporción numérica, la escasa guarnición británica se rendía ante el asalto argentino en Porty Stanley, dando inicio a lo que en el vecino país significaba la ansiada reconquista de las Falkland y todo el espacio marítimo del Atlántico Sur pero, con el correr de los días y semanas, transformaría la épica en el inicio de una pesadilla que culminaría en un trauma que los ha perseguido por décadas.

En medio de la crisis que comenzaba a asfixiar al país a inicio de la década de 1980, la Junta Militar buscó en el exterior la solución a sus problemas internos. Una opción era Chile, el vecino con el que casi desataron una guerra de insospechadas consecuencias y que, en 1981, asomaba incluso más encarnizado. La otra opción, frente al continente en el Atlántico Sur, las islas Falkland, reclamadas desde hace casi 150 años y que cada cierto tiempo eran el telón de fondo de discusiones en los salones de la ONU entre Buenos Aires y Londres. Pero en aquel preciso instante, parecían un premio apetecible en medio de una dura crisis económica que se cernía sobre el país europeo, que parecía ser una potencia menguante.

Asi, la decisión estaba tomada a finales de 1981, restando resolver el detalle de la operación. El almirante Jorge Anaya y el teniente general Leopoldo Galtieri, ambos miembros de la Junta Militar por la Armada y el Ejército respectivamente, estaban convencidos de la recuperación militar de las islas, y el altercado diplomático desatado por el conflicto en las islas Georgias tras el caso Davidoff, aceleró la decisión. 

El 23 de marzo de 1982, el Comité Militar inició los detalles de la Operación Rosario, que desembocó, en la madrugada del 2 de abril de 1982, en el desembarco en las cercanías de Port Stanley –rebautizado como Puerto Argentino– y, tras una serie de enfrentamientos sin bajas británicas, se tomó por la fuerza el control del archipiélago, con el saldo de 1 muerto y 6 heridos trasandinos. 

Argentina se embarcó en la guerra con una mezcla de soldados profesionales y civiles movilizados que cumplían el servicio militar obligatorio, y que suponían más del 50 %. Estos reclutas, que pertenecían a las quintas de 1962 y 1963, tenían entre dieciocho y veinte años; los de la última de ellas contaban con pocas semanas de instrucción y los soldados pertenecientes a la de 1962 fueron convocados como personal de reserva. Esta sería la generación del desastre que ha perseguido al vecino país hasta hoy.

La esperanza de las negociaciones y la triste realidad de la guerra

Las siguientes semanas serían las de la ilusión argentina de que podrían lograr asegurar la reconquista gracias a negociaciones de salón, esperanzados en que Estados Unidos respaldaría su posición, y en que Reino Unido no tendría nervio para cruzar todo el Atlántico para recuperar unas islas lejanas y casi abandonadas. Pero no contaron con la tosudez de la "Dama de Hierro", Margaret Thatcher, quien insufló un renovado patriotismo en el Reino Unido, logró unificar posiciones políticas, reforzó los respaldos en Europa y Washington, y encabezó la preparación para la recuperación de las Falkland.

Comenzó la guerra sicológica, con el viaje de la flota rumbo al sur, el traumático (para los argentinos) hundimiento del crucero Belgrano, los primeros bombardeos británicos, el repliegue de la flota trasandina a sus puertos. Luego, los ataques directos, la rendición de la guarnición argentina en las Georgias del Sur, los combates aeronavales que marcarían icónicamente el conflicto en la historia, el desembarco de San Carlos, los combates en la compleja marcha británica, hasta el inedulible y desastroso final argentino con la capitulación del general de brigada Mario Benjamín Menéndez ante las fuerzas encabezadas por el general de división Jeremy Moore, el 14 de junio de 1982.

Ese fue el fin de la guerra, el inicio de la celebración británica, y el inicio de la debacle política de la Junta Militar argentina y el trauma que todo un país se ha encargado de mantener encendido.

649 muertos, 1.687 heridos y 11.313 prisioneros de guerra marcaron el saldo humano en las Fuerzas Armadas argentinas, con los militares desprestigiados, y precipitando cuatro décadas de desinversión en el sector, el desplome y casi desaparición de su industria local de defensa, además de años de relatos heroicos que buscaban maquillar una derrota sin atenuantes.

Ese fue el resultado final de una aventura pensada como un mero paseo y que terminó con la vergüenza de la derrota y de lo fútiles intentos de reescribir una historia que todo el mundo conoce y que, cada día, la bandera británica en Port Stanley -el mismo lugar donde todo comenzó hace 44 años, les recuerda dolorosamente.