Jueves 13 De Agosto De 2026
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Antártica

IPY-5: La oportunidad que Puerto Williams estaba esperando

IPY-5: La oportunidad que Puerto Williams estaba esperando

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Mientras en Chile seguimos discutiendo las urgencias del día a día, a veces las noticias verdaderamente estratégicas pasan casi inadvertidas. Una de ellas acaba de ocurrir: el consorcio internacional seleccionado para albergar la Oficina Internacional de Coordinación del Quinto Año Polar Internacional (IPY-5), que se desarrollará entre 2032 y 2033, estará liderado por Noruega y contará con dos socios de primer nivel: Corea del Sur y Chile, a través del Instituto Antártico Chileno (INACH). La oficina principal estará en Tromsø, con oficinas regionales en Corea y Chile.

No se trata de una noticia administrativa ni de un detalle burocrático. Estamos hablando del mayor esfuerzo científico internacional dedicado a las regiones polares durante la próxima década. El IPY-5 movilizará investigación, logística, cooperación internacional, innovación tecnológica y capital humano en torno a los desafíos del Ártico y la Antártica.

Y aquí es donde Chile debería recordar algo que parece haber olvidado.

La relación de nuestro país con la ciencia polar no comenzó ayer. Ni siquiera comenzó con el Tratado Antártico. En realidad, debemos remontarnos al Primer Año Polar Internacional de 1882-1883. En aquellos años, la expedición francesa del buque Romanche estableció una base científica en Bahía Orange, en el archipiélago fueguino, frente a la actual Isla Navarino. Fue uno de los primeros experimentos modernos de cooperación científica polar en el mundo.

Es decir, cuando el sistema internacional apenas descubría el valor científico de las regiones australes, el extremo sur de Chile ya era parte de esa conversación global.

La imagen resulta aún más fascinante cuando recordamos quiénes habitaban entonces aquellas costas.

Los yaganes de finales del siglo XIX no vivían aislados del mundo. Gracias a la influencia de Jemmy Button y de los misioneros anglicanos establecidos en Ushuaia y Tierra del Fuego, muchos de ellos hablaban inglés de manera habitual. En cierto sentido, mientras Europa enviaba científicos a Bahía Orange, los habitantes originarios del territorio ya participaban de una red cultural que conectaba el Canal Beagle con Londres.

La historia austral chilena siempre ha sido más cosmopolita de lo que Santiago imagina.

Por eso, el anuncio del IPY-5 tiene una relevancia que va mucho más allá de la ciencia.

Representa una oportunidad estratégica para Puerto Williams.

Durante décadas hemos repetido que Puerto Williams es la ciudad más austral del mundo. Lo utilizamos en folletos turísticos, discursos oficiales y campañas promocionales. Pero la verdadera pregunta nunca ha sido qué tan austral es Puerto Williams. La pregunta es qué hacemos con esa ventaja geográfica.

Noruega respondió esa pregunta hace décadas con Tromsø.

Hoy Tromsø no es simplemente una ciudad del norte. Es una capital científica del Ártico. Allí convergen universidades, institutos de investigación, centros logísticos, tecnología polar, observación climática y cooperación internacional.

Chile tiene la posibilidad de construir algo similar en el extremo sur.

El Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC) podría transformarse en una pieza fundamental de esa estrategia. Si se conecta adecuadamente con las actividades del IPY-5, puede convertirse en un polo de investigación reconocido a nivel global para el estudio del cambio climático, la biodiversidad subantártica, la oceanografía austral y las interacciones entre sistemas antárticos y subantárticos.

Pero para ello se requiere algo que históricamente ha escaseado en nuestro país: visión estratégica.

El riesgo no es que Chile quede excluido. Ya está dentro. Ese es precisamente el valor de la noticia. El riesgo es peor: participar formalmente y desaprovechar la oportunidad.

Demasiadas veces hemos confundido la posesión de una ventaja geográfica con la capacidad de explotarla. Tenemos una posición privilegiada frente a la Antártica. Tenemos acceso al Cabo de Hornos. Tenemos Puerto Williams. Tenemos el CHIC. Tenemos una de las trayectorias históricas más antiguas de presencia humana en el extremo austral.

Lo que falta es articular esos elementos en una política de Estado.

Noruega entendió que el conocimiento es una herramienta de poder. Corea del Sur entendió que la presencia científica genera influencia internacional. Ambos países han invertido durante décadas para convertir la investigación polar en un activo estratégico.

Chile no puede seguir pensando que la geopolítica austral consiste únicamente en declarar soberanía y esperar que la geografía haga el resto.

La elección del consorcio Noruega-Corea-Chile para coordinar el IPY-5 debería ser interpretada como una señal. El mundo está mirando nuevamente hacia los polos. Los grandes desafíos del siglo XXI, desde el clima hasta la seguridad alimentaria, desde los océanos hasta las cadenas logísticas, tendrán una dimensión polar cada vez más importante.

Hace casi ciento cincuenta años, científicos franceses observaban el cielo austral desde Bahía Orange mientras los descendientes de Jemmy Button navegaban las aguas del Beagle.

Hoy la historia vuelve a llamar a la puerta.

La pregunta es si Chile tendrá la inteligencia de escucharla.

O si, una vez más, la oportunidad pasará por Puerto Williams mientras las decisiones continúan tomándose a más de tres mil kilómetros de distancia, en oficinas donde el viento del Cabo de Hornos sigue siendo apenas una abstracción en un mapa.

jpber
Juan Pablo Berlinguer