Por: Dr. José Miguel Bernucci, director de Prevención y Detección Precoz del Cáncer FALP.
Cada 27 de julio se conmemora el Día Mundial del Cáncer de Cabeza y Cuello, una oportunidad para visibilizar una enfermedad que, pese a su impacto, continúa siendo poco visible. Año a año, más de 60 mil personas son diagnosticadas con cáncer en Chile, y muchos de esos casos podrían prevenirse o detectarse en etapas más tempranas.
El cáncer de cabeza y cuello es uno de los ejemplos más claros: aunque tiene menor visibilidad que otros tumores, puede impactar profundamente la calidad de vida, al afectar funciones esenciales como hablar, comer, respirar o comunicarse.
Uno de sus principales factores de riesgo es el tabaquismo. Aunque suele asociarse al cáncer de pulmón, el tabaco también daña directamente los tejidos de la cavidad oral, la faringe y la laringe, favoreciendo el desarrollo de tumores. Cuando el hábito tabáquico se suma al consumo excesivo de alcohol, el riesgo aumenta de manera significativa.
En Chile, según cifras preliminares del DEIS, 481 personas fallecieron por cáncer de cabeza y cuello en 2025 y cerca de 3.000 han perdido la vida por esta causa en los últimos seis años. Pero hay un dato que no podemos pasar por alto: al menos el 75% de estos cánceres está asociado al consumo de tabaco y alcohol. Quienes combinan ambos hábitos pueden aumentar hasta 30 veces su riesgo de desarrollar la enfermedad.
Esta realidad nos recuerda que la prevención sigue siendo una de las herramientas más efectivas frente al cáncer. Prevenir no significa vivir con miedo, sino tomar decisiones informadas que reduzcan el riesgo y permitan detectar la enfermedad cuando las posibilidades de tratamiento y curación son mayores. Porque la mejor oportunidad para enfrentar el cáncer muchas veces comienza antes del diagnóstico.
Sabemos que cuatro de cada 10 cánceres podrían prevenirse con hábitos de vida saludables. Detrás de cada cifra hay personas, familias y proyectos de vida. Por eso, reducir el consumo de tabaco y alcohol, mantener una vida sana y consultar oportunamente ante síntomas persistentes no solo disminuye el riesgo de desarrollar esta enfermedad, sino que también puede marcar la diferencia entre un diagnóstico tardío y una oportunidad real de tratamiento y recuperación.
En este Día Mundial del Cáncer de Cabeza y Cuello, el mayor desafío no es solo mejorar los tratamientos, sino evitar que más personas desarrollen una patología que, en muchos casos, puede prevenirse. La evidencia es contundente. Ahora nos corresponde actuar en consecuencia.


