Imagen TheDigitalArtist/Pixabay

No ocurría hace un largo tiempo en la Humanidad.***

Tal vez la Segunda Guerra Mundial, con el fascismo mediante y el lanzamiento de dos bombas atómicas en ciudades en donde ya no había resistencia militar significativa, podrían ubicar en términos contextuales y procesales lo que hoy ocurre en el planeta Tierra.

Es un hecho. No una interpretación.

Consecuencia y efecto del cuadro actual, no causas, son la tendencia creciente al total desconocimiento del Derecho Internacional, cuya arquitectura basal proviene de la pos Segunda Guerra Mundial. A la evidente precariedad, y también desconocimiento realmente descarado de la ONU y sus organismos como espacios e instancias de diálogo y, eventualmente, resolución de controversias para evitar confrontaciones armadas.

Las fuerzas militares de Estados Unidos y la OTAN, objetivamente, son las organizaciones sistémicas que más actividad desarrollan y despliegan en todo el mundo, fuera de sus fronteras, y también fuera de sus zonas de influencia relativamente tradicionales.

Las presiones militares y sus derivadas, sobre diversas naciones en Africa; en el Oriente Medio; el genocidio en Gaza; los bloqueos e intervenciones militares en Venezuela; Cuba; el incremento de su actividad sistémica militar en Usuahia; Perú; Asia Pacífico; Taiwán; son hechos evidentes y con un despliegue explícito.

Entonces, con respeto, son muy necesarios los análisis multifacéticos respecto del estado del planeta. Sin embargo, no se puede desconocer, ni disminuir, que el trágico y terrible factor de la fuerza y violencia militar es el que predomina en todos los planos.

En rigor histórico, el ciclo post caída de los socialismos reales, de las prematuras y efímeras “terceras vías”; “aldea global”; “fin de la historia” “democracia planetaria”, tiende a desaparecer sobre la base de hechos, no teorías.

Y con eso cae brutalmente toda su argumentación, respecto de las supuestas causas “libertarias” que se esgrimieron desde la filosofía; la política; la ética; la doctrina.

Lo que hoy domina, y tiende a predominar, son los hechos: Secuestro de un jefe de estado y su esposa; golpes de estado; bloqueos navales; genocidios; en fin, secuestro de territorios; apropiación directa del petróleo; amenazas varias sobre control de fuentes energéticas y las llamadas “tierras raras”. Y como si fuera poco, las iniciales supuestas razones para hacer lo que se hace, las niegan quienes inicialmente han impulsado estas acciones.

Es en este contexto de realidad, que se deben considerar cuestiones como la declaración del ex Presidente Macri, de Argentina, cuando señaló públicamente que el Presidente de los Estados Unidos, Trump, le dijo que si quería controlar el Atlántico y el Pacífico, entonces debía invadir Chile.

Eso no ha sido desmentido.

En ese contexto de realidad, se debe considerar que Perú, bajo su actual gobierno, tomó la determinación de ser socio estratégico militar de los Estados Unidos y la OTAN, y por tanto pueden ingresar militares norteamericanos al Perú.

Del mismo modo, la base militar de la OTAN en Usuahia.

No es primera vez, en las últimas décadas, que Estados Unidos intenta pasar por sobre los estados nacionales y sus soberanías nacionales, de lo que ellos mismos definen como su “patio trasero”.

Hoy, esto ocurre en medio del decaimiento creciente de los Estados Unidos en su influencia en los mercados financieros; productivos; tecnológicos.  Qué decir respecto de la Inteligencia Artificial. Y, sin embargo, mantiene un poderío militar y atómico que se moviliza en todas las zonas del mundo.

Las diversas potencias externas a su hegemonía, Rusia; China; India; Sudáfrica; Brasil; México; los integrantes de los BRICS, en este sentido, tiene un enorme desafío. Totalmente vinculado a la pervivencia del planeta. Ni más, ni menos.

*** Juan Andrés Lagos, es periodista, académico y encargado de relaciones y comunicaciones del Partido Comunista de Chile

 

Publicidad