¿Cómo se explica que tres gobiernos, de diferente signo político y distintos programa gubernamentales, en los hechos se hayan quedado sin recursos para financiar sus políticas públicas que iban dirigidas a enfrentar graves temas de pervivencia social?: Salud; vivienda; salarios; educación; fuentes ocupaciones estables; batalla contra el crimen organizado y el marcotráfico.
Grados más, grados menos, esto le ocurrió al segundo gobierno de Bachelet; al de Piñera; y al de Boric.
¿Cómo se explica que numerosos gobiernos, a lo menos cinco, no hayan podido resolver el grave problema estructural y estratégico que tiene Chile, cuando su economía nacional, no crece y se estanca?.
Hablamos de la economía de Chile, en todas sus dimensiones. Que no crece ya en un tiempo importante. Y algunos analistas señalan hoy, que vivimos una recesión técnica. Y nadie lo ha desmentido.
Un sector, con extremo dogmatismo y visión totalitaria, establece como asunto definitivo que “el modelo económico ha funcionado”. Y se refieren, en rigor, a un sistema económico-financiero que tiene como base la actividad hegemónica de cinco a seis bancos, todos transnacionales; que controlan en propiedad y en mercados, más del 75% de la economía real de Chile, en todas sus variantes y a través, precisamente, del sistema financiero. Con muy altas tasas de ganancia, de rentabilidad, y control de todas las variantes de la economía real.
Sus cruces con la gran minería, estatal y privada; con la agricultura; con los llamados servicios; con la pequeña, mediana y empresa de mayor dimensión, son a través de la propiedad directa, o a través del sistema de créditos financieros.
En este encuadre también están las AFP; las empresas de salud privada; las empresas de la educación en sus diversas variantes, incluida la de educación técnico profesional y universitaria.
El llamado sistema financiero hipotecario, también es parte de este sistema cerrado. Así como también gran parte de los medios de comunicación, que incluye por cierto el sistema de redes sociales, la televisión y el audiovisual en plataformas.
En Chile, con un golpe de estado mediante, se impuso este modelo económico, que fue instaurado con extrema violencia, y sin posibilidad de disenso u oposición alguna.
Hasta finales de la década del noventa, del siglo pasado, este sistema económico no generó ninguna estabilidad real de la economía chilena. Lo que hizo fue reconvertir todas las variables que implicaron, institucionalmente, su aplicación en la macro economía y en la micro economía.
“apretarse el cinturón”; “ya viene el chorreo”; “ajustes necesarios”, fueron consignas y frases repetidas y reiteradas en todo ese período. Mientras los planes se imponían en toda la vida económica y social de Chile.
En rigor, lo esencial de este sistema económico, desde fines de los noventa, hasta hoy. Su estructura estratégica, no ha cambiado. Es prácticamente el mismo.
El mundo ha cambiado, y no poco, especialmente en los planos económicos. Y seguirá cambiando, y mucho.
Ni las grandes convulsiones belicistas; ni las guerras impulsadas principalmente por Estados Unidos, han provocado en este tiempo modificaciones significativas a esta tendencia mundial.
Y Chile, no es una isla, y menos una excepción.
En varios gobiernos, en la década de los 90 e inicios del 2000, se produjeron hechos relevantes: Disminución de la llamada extrema pobreza; apertura a nuevos mercados en el exterior; inversión de capital; mejoras salariales relativas; baja en las tasas de desocupación; incremento del sistema de endeudamiento bancario y financiero. Sin embargo, en las variables estructurales, todo siguió prácticamente igual. Incorporando nuevas privatizaciones de alcance estratégico, como las llamadas concesiones.
En ese mismo período, en el mundo existió una cierta tendencia (ahora desaparecida), que generó el espejismo iluminista de una “economía global” hegemonizada por la economía y las transnacionales de origen norteamericano y europeo.
Sin embargo, eso ha ido desapareciendo en forma gradual, y sostenida. Y, hoy, en la expresión concreta, pesan cada día más las economías emergentes: Rusia; China; India; Brasil; Sudáfrica y varios países africanos; Irán; Pakistán; varias naciones del Oriente Medio y Cuerno de Africa. En donde también existen corporaciones privadas y estatales de alcance transnacional y mundial.
En Chile, ni en el plano político; ni económico; ni social, ha existido hasta hoy una alternativa que pudiera haber incidido en el curso de la economía, tal como ha cursado.
Nadie, en rigor, puede señalar o culpar a algún sector económico; político o social disidente, que haya incidido en cómo se han aplicado y realizado las políticas económicas.
Los gobiernos, y quienes de verdad dirigen el sistema económico, y la economía, son totalmente responsables de lo que ha ocurrido, y ocurre hoy.
Entonces, las miradas tautológicas, totalitarias, que sostienen que hay que seguir igual, o eventualmente mejorar este sistema económico en algunos aspectos, o profundizarlo (como la hace el actual gobierno), no asumen que la causa de lo que ocurre hoy, con la economía chilena, es precisamente el total agotamiento del modelo plenamente vigente.
Cuando un sistema económico, en su aplicación, no genera crecimiento de la economía; tampoco permite financiar políticas públicas; menos productividad y reinversión de capital productivo, está agotado.
Hay quienes buscan imponer una falsa dicotomía entre “estabilidad económica”, y solución a cuestiones de pervivencia como son la salud; los salarios; el trabajo estable; la educación; la batalla frontal contra el crimen organizado y el narcotráfico; e incluso la defensa nacional.
En el caso de Chile, hasta hoy, eso simplemente no se ha dado. Porque ni siquiera el estallido social implicó cambios de fondo y estructurales al sistema económico-financiero, tal como en la realidad existe y se aplica.
Tampoco ayudan las caricaturas que buscan descalificar alternativas y propuestas de una nueva política económica.
A lo menos, sería necesario abrir la posibilidad de un nuevo modelo económico, para levantar a Chile.
Juan Andrés Lagos E.,
académico, periodista y analista


