Se ha presentado en Piandimeleto un estudio sobre el monograma “SA” y “B” identificado en la base de la Cruz. La reflectografía lo vincula a la fase original de la obra: según los autores, esta ubicación podría encerrar un significado espiritual relacionado con la redención y la soledad del último período de Botticelli. Una firma oculta a los pies de la Cruz podría abrir una nueva perspectiva en el estudio de Sandro Botticelli. Este es uno de los elementos centrales de la reciente investigación sobre el llamado Retablo de la Trinidad, presentada el 14 de septiembre en el Castillo de los Condes Oliva de Piandimeleto durante una conferencia de prensa. El estudio, titulado El Retablo de la Trinidad y el Monograma de Botticelli: Una Investigación Integrada entre Iconografía, Estilo y Reflectografía, está firmado por Annalisa Di Maria, experta internacional en Leonardo da Vinci y artistas del Renacimiento, y Andrea da Montefeltro, escultor e investigador científico. Surge de la integración entre análisis reflectográfico, estudio estilístico e interpretación iconográfica.
En el centro de la investigación se encuentra un pequeño signo gráfico identificado en la base de la Cruz dentro de la composición: un entrelazamiento de las letras “SA” y “B”, interpretado por los autores como un posible monograma atribuible a Sandro Botticelli. El descubrimiento concierne a una obra conservada actualmente en la Courtauld Gallery de Londres, catalogada bajo el título The Trinity with Saints Mary Magdalen and John the Baptist. El panel, fechado por la Courtauld alrededor de 1491–1494, está pintado al temple sobre tabla y mide 214 por 192,4 centímetros. Se considera una de las pinturas más importantes de Botticelli en el Reino Unido. El retablo representa la Trinidad, con Dios Padre sosteniendo la Cruz con Cristo crucificado y la paloma del Espíritu Santo. A ambos lados aparecen María Magdalena y San Juan Bautista, mientras que en primer plano se representan el Arcángel Rafael y Tobías. Tradicionalmente, la obra se ha vinculado al convento florentino de Santa Elisabetta delle Convertite, circunstancia que explica la presencia de la Magdalena, patrona de la comunidad, y de Juan Bautista, patrono de Florencia. Durante el siglo XX, el propietario de la obra y el historiador japonés que había propuesto su atribución observaron una marca evidente en la base de la Cruz: una inscripción realizada con pincel negro que parecía formar las letras “S” y “B”. Ambos creyeron que se trataba de un añadido moderno, un intento de simular la firma del maestro. Por ello decidieron eliminarla.Sin embargo, durante el proceso de eliminación surgió un hecho inesperado: bajo la pintura no se encontraba solo una marca superficial, sino una incisión en el yeso preparatorio, parte integrante del dibujo original. Comprendieron que habían eliminado un rasgo auténtico del proceso creativo de Botticelli, aunque no se tratara de una firma en el sentido moderno del término. Para remediarlo, cubrieron la zona con nueva pintura, conscientes del daño causado involuntariamente.
Hoy, gracias a técnicas diagnósticas avanzadas en particular la reflectografía infrarroja es posible leer con claridad esas incisiones. Revelan no solo las líneas preparatorias de la Cruz, sino también una letra “A” incisa encima: un cambio de idea que Botticelli había marcado en el dibujo pero que no trasladó a la capa pictórica final. Los análisis modernos confirman así que bajo la superficie pintada sobreviven marcas auténticas del maestro, testimonio de su método y de sus correcciones, aunque no constituyan una firma propiamente dicha. Según el estudio, las imágenes reflectográficas permiten reconocer el monograma “SA” y “B” y su conexión con la ejecución original de la obra, descartando la posibilidad de que se trate de un añadido posterior o de un signo ajeno a la concepción del retablo. Este hallazgo es significativo también por la rareza de tal presencia en el corpus de Botticelli: el pintor no desarrolló un hábito sistemático de firmar sus obras, y el monograma identificado en el Retablo de la Trinidad podría representar uno de los ejemplos más excepcionales de una firma concebida en esta forma.
Pero es sobre todo la posición de la firma lo que constituye el núcleo interpretativo de la investigación. El monograma no está colocado en el margen del panel ni en un punto inmediatamente visible para el espectador. Se encuentra en cambio en la base del eje vertical de la Cruz, en el punto que, según la lectura iconográfica del estudio, corresponde al Gólgota, el lugar de la Crucifixión. Para los autores, esta ubicación adquiere un significado particular. En la tradición cristiana, el Gólgota representa no solo el lugar de la muerte de Cristo, sino también el lugar de la redención. Insertar allí el propio nombre significaría colocar simbólicamente la identidad artística a los pies de la Cruz. No una firma celebrativa, sino un signo deliberadamente discreto, confiado al centro teológico de la Pasión. Esta interpretación se inserta en la lectura más amplia del período tardío de Botticelli. La investigación destaca cómo las últimas décadas de la vida del artista están marcadas por un aislamiento progresivo, una transformación de su lenguaje visual y una búsqueda espiritual cada vez más intensa. Tras la época de éxito vinculada a la cultura medicea, Botticelli se encontró presenciando la disolución del entorno humano y cultural en el que se había formado.
La muerte de figuras clave de su universo afectivo y cultural, junto con la crisis de la Florencia medicea y el cambio del panorama artístico, contribuyen a delinear lo que la investigación define como una profunda experiencia de pérdida emocional y cultural. El pintor sobrevivió progresivamente a su propio mundo: mientras la cultura florentina se orientaba hacia nuevos lenguajes, Botticelli parece haber dirigido su pintura hacia una dimensión más meditativa, dominada por los temas de la Pasión, el dolor, la Crucifixión y el sacrificio redentor. Es precisamente en este contexto donde la ubicación del monograma en el Gólgota adquiere su significado más profundo. No sería simplemente el lugar donde Botticelli decidió dejar su nombre, sino el lugar donde decidió colocarse simbólicamente. La Cruz se convierte así en el punto de encuentro entre la narrativa representada y el viaje interior del artista. El pequeño entrelazamiento de las letras “SA” y “B” adquiere una fuerza particular. Es casi invisible, pero esta invisibilidad podría formar parte de su significado. Botticelli no habría elegido un lugar destinado a celebrar su nombre, sino el punto más humilde y teológicamente cargado de la composición: la tierra a los pies de la Cruz.
La firma se convierte así en algo distinto de una simple atestación de autoría: una presencia confiada a la Cruz, casi un recuerdo personal entregado al lugar de la Pasión. La publicación de esta investigación adquiere por tanto un significado que va más allá del descubrimiento de un posible monograma. Plantea una nueva pregunta sobre el Retablo de la Trinidad: ¿qué significa para un artista dejar su nombre a los pies de la Cruz, en el lugar de la redención, precisamente cuando su propia vida artística parece atravesar una etapa de aislamiento y profunda transformación? Ese pequeño signo, oculto en la madera de la Cruz y silencioso durante siglos, podría revelarnos algo profundamente humano: un artista que, mientras su mundo se disuelve, elige confiar su identidad no a la gloria de su nombre, sino a la esperanza de la redención.
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Annalisa, D. M., & Chiarabini da Montefeltro, A. (2026). The Trinity Altarpiece and Botticelli's Monogram: An Integrated Investigation through Iconography, Style, and Infrared Reflectography. https://doi.org/10.5281/zenodo.22842142


