- Desde GHD explican por qué la planificación territorial, el diseño de infraestructura de control aluvional y el uso de herramientas predictivas son claves para proteger comunidades y operaciones frente a fenómenos cada vez más intensos.
Las recientes inundaciones registradas en Nepal, que provocaron pérdidas humanas, daños a la infraestructura y el aislamiento de comunidades completas, vuelven a poner sobre la mesa una realidad cada vez más evidente: los eventos climáticos extremos pueden transformarse rápidamente en desastres cuando los territorios no cuentan con la planificación y las obras adecuadas para gestionarlos.
Aunque Chile posee una geografía y condiciones climáticas distintas, sectores cordilleranos como el Cajón del Maipo también enfrentan amenazas asociadas a crecidas repentinas de cauces, remociones en masa, aluviones e inundaciones derivadas de precipitaciones intensas o eventos extremos.
En estos escenarios, la diferencia entre una emergencia controlada y una catástrofe suele definirse mucho antes de que ocurra el evento, durante las etapas de evaluación de riesgos y diseño de infraestructura.
Para Cristóbal Delgado, especialista de GHD, la resiliencia de comunidades e infraestructura crítica depende cada vez más de una gestión preventiva basada en evidencia técnica. "Eventos que históricamente considerábamos como extremos podrían ocurrir cada vez con mayor frecuencia como consecuencia del cambio climático. Las precipitaciones intensas, las sequías y las olas de calor están siendo afectadas por el aumento global de la temperatura, además de acelerar el retroceso de los glaciares”, explica.
Por esos motivos, complementa el ejecutivo de GHD, “la adaptación no puede esperar: debemos preparar hoy a nuestras comunidades mediante infraestructura resiliente, una adecuada planificación territorial, sistemas de monitoreo y alerta temprana, y principalmente, a través de promover la educación”.
Las obras de control aluvional, la protección de infraestructura crítica y la implementación de sistemas de monitoreo de variables meteorológicas son parte de las herramientas que nos permiten anticipar amenazas y diseñar soluciones que disminuyan sus impactos. Sin embargo, su efectividad depende de una visión integral que combine el conocimiento de eventos históricos, ingeniería, planificación territorial y pensamiento a largo plazo.
En un contexto donde los fenómenos extremos parecen aumentar en frecuencia e intensidad, la principal lección es que la infraestructura resiliente no solo protege inversiones y la continuidad operacional, sino que, aún más importante, protege vidas.


