Miércoles 17 De Junio De 2026
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Valparaíso o la geopolítica del océano en el BBNJ: una candidatura que exige algo más que vocación marítima

Valparaíso o la geopolítica del océano en el BBNJ: una candidatura que exige algo más que vocación marítima

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Hay momentos en que la política exterior deja de ser una abstracción diplomática y se convierte en una decisión estratégica de largo alcance. La candidatura de Valparaíso para albergar la Secretaría del Acuerdo BBNJ —el Tratado de Alta Mar— es uno de esos momentos.

No es solo una postulación; es una prueba de si Chile está dispuesto a actuar como potencia oceánica o resignarse a ser un actor normativo sin ambición institucional.

El BBNJ no es un acuerdo más. Es el tercer pilar operativo de la Convención del Derecho del Mar y establece reglas sobre recursos genéticos marinos, áreas protegidas en alta mar y evaluación de impactos ambientales. Su secretaría no decide políticas, pero sí configura el ecosistema institucional que las hace posibles. Como suele ocurrir en el multilateralismo, quien aloja la burocracia, moldea —indirectamente— el poder.

Ahí radica la relevancia estratégica de Valparaíso.

 

I. Lo que ha hecho la Cancillería: activación tardía, pero correcta

La Cancillería chilena ha decidido tratar esta candidatura como una política de Estado. Ha reafirmado el compromiso político al más alto nivel y ha desplegado una campaña entre junio y diciembre de 2026 para conseguir apoyos de cara a la COP1 en enero de 2027.

Más aún, ha activado su red diplomática: embajadores en el exterior han recibido instrucciones específicas para promover la candidatura, junto con lineamientos y un calendario de acción.

Este punto es clave: una candidatura multilateral no se gana en casa, se gana en capitales extranjeras. Y en ese sentido, Chile ha entendido que esto requiere disciplina diplomática y narrativa coherente.

Además, el país ha jugado bien sus cartas estructurales:

  • Participación activa en la negociación del tratado.
  • Ratificación temprana —Chile fue el segundo país en hacerlo.
  • Posicionamiento histórico en derecho del mar.

El mensaje es claro: Chile no solo quiere albergar la secretaría, quiere representar una trayectoria.

 

II. El problema estructural: competir en un mercado de sedes globales

Aquí termina la narrativa y comienza la realidad. Chile no está compitiendo en el vacío.

Ya existen candidaturas como Bruselas y Xiamen, ambas con atributos estructurales relevantes: redes diplomáticas densas, conectividad global inmediata y músculo financiero-estatal para sostener el aparato administrativo.

Esto obliga a introducir un concepto incómodo: la probabilidad real de éxito.

 

III. Modelo de probabilidad: cómo estimar las opciones de Valparaíso

Podemos construir un modelo simplificado —inspirado en criterios usados en selección de sedes internacionales— basado en cinco variables críticas:

1. Capital diplomático (25%)
Capacidad de movilizar votos en la COP.

2. Infraestructura y conectividad (20%)
Acceso aéreo, facilidades logísticas, cercanía a capital política.

3. Ecosistema técnico-científico (20%)
Universidades, centros oceanográficos, capacidades de investigación.

4. Apoyo político-financiero estatal (20%)
Compromiso de largo plazo para sostener la secretaría.

5. Narrativa geopolítica (15%)
Valor estratégico de ubicar la sede (ej. Sur Global, descentralización ONU).

Aplicando este esquema cualitativamente:

  • Chile/Valparaíso: fuerte en narrativa, ciencia oceánica y legitimidad política; intermedio en conectividad global.
  • Bruselas: dominante en diplomacia y conectividad; débil en narrativa de descentralización.
  • Xiamen (China): fuerte en recursos estatales, creciente en diplomacia; narrativa de potencia emergente.

Resultado estimativo (no oficial, analítico):

  • Bruselas: alta probabilidad estructural
  • Xiamen: competitiva con respaldo estatal
  • Valparaíso: probabilidad media-condicionada

Es decir, Chile no es favorito. Pero tampoco es irrelevante. Está en la zona donde la política —no la estructura— define el resultado.

 

IV. El error potencial: confundir legitimidad con ventaja competitiva

Chile tiende a sobreestimar una idea: que haber sido buen actor en negociación internacional se traduce automáticamente en ganar sedes. No es así.

El sistema multilateral se rige por tres reglas que rara vez se dicen explícitamente:

  1. La geografía importa, pero no decide.
  2. El poder blando necesita respaldo material.
  3. Los votos se negocian, no se heredan.

Valparaíso tiene narrativa —“primera sede ONU universal en América Latina”—, pero eso por sí solo no genera mayorías.

 

V. Qué debe hacer Chile: tres movimientos estratégicos

Si Chile quiere competir en serio, necesita pasar de campaña diplomática a estrategia geopolítica:

1. Bloque regional activo (no simbólico)
América Latina debe votar alineada. No basta el apoyo retórico; se necesitan compromisos explícitos.

2. Paquetes de valor concretos
Oferta financiera, facilidades operativas, garantías a largo plazo. En términos simples: hacer tangible la decisión.

3. Narrativa disruptiva: el Sur Global como eje de gobernanza oceánica
Aquí hay una oportunidad real. En un sistema donde la ONU busca descentralizar funciones, Chile puede posicionar Valparaíso como punto de entrada al Pacífico Sur, la Antártica y la gobernanza de alta mar.

 

VI. Conclusión: una candidatura que revela algo más profundo

La postulación de Valparaíso no trata solo de un edificio burocrático frente al mar. Es un test sobre la capacidad de Chile para operar en el nuevo multilateralismo competitivo.

Un sistema donde ya no basta con ser “buen alumno”, sino que hay que competir con estrategia, músculo y narrativa.

Si Chile gana, no será por inercia histórica. Será porque entendió que el océano ya no es solo su identidad: es su plataforma de poder. Y si pierde, el problema no será Valparaíso. Será la persistente confusión entre prestigio y capacidad de influencia real.