Por: Edmundo González Robles, Presidente de Liga Marítima de Chile
En temas de soberanía, las palabras importan tanto como las fronteras. Últimamente, hemos escuchado conceptos que parecen técnicos —como "boca oriental" o "espacios compartidos"— pero que en el fondo esconden un intento de nublar algo que es transparente: el Estrecho de Magallanes es íntegramente chileno. No es una opinión; es un hecho sellado por sendos tratados que no admiten "letra chica".
1. El mapa ya está dibujado (y firmado)
La soberanía sobre el Estrecho no es un debate abierto; se cerró hace más de un siglo:
• En 1881: Chile y Argentina acordaron que el Estrecho es chileno y que siempre debe estar abierto a la navegación.
• En 1984: El Tratado de Paz y Amistad puso "nombre y apellido" al límite exacto. Se trazó una línea recta entre Punta Dungenes y el Cabo del Espíritu Santo.
De esa línea hacia el oeste, todo es Chile.; de esa línea hacia el este, es Argentina. Es un muro jurídico invisible, pero infranqueable.
2. La trampa de la "administración compartida"
El problema reciente nació de un decreto argentino del año 2021. En ese papel, se empezó a hablar del Estrecho como un "espacio compartido". Aunque después hubo intentos de corregir el error, la idea ha seguido flotando en ciertos círculos técnicos del país vecino.
¿Por qué es peligroso? Porque en el derecho internacional lo que no se aclara, termina confundiéndose. No existe tal cosa como un "tramo argentino" del Estrecho. Argentina tiene derecho a que sus barcos pasen por sus aguas para llegar al Estrecho, pero eso no los hace dueños de una parte de él. Es como tener permiso para usar el pasillo de un edificio: eso no te hace dueño del departamento del vecino.
3. La geografía no manda sobre la ley
Algunos técnicos dicen hoy que la "boca" del Estrecho está en aguas argentinas. Aquí es donde debemos ser firmes: la geografía no cambia los tratados. Cuando dos países firman un límite, ese límite es la verdad legal. No importa si un hidrógrafo decide que la entrada natural está un kilómetro más allá o más acá. Lo que vale es la línea Dungenes-Espíritu Santo que ambos países juraron respetar. Insistir en que la "boca es argentina" es, en términos simples, desconocer lo que se firmó con la mano hace más de 40 años.
4. ¿Por qué nos debe importar a todos?
Podría parecer una discusión de abogados o marinos, pero es una cuestión de Estado. Si permitimos que se instale la duda sobre el Estrecho, abrimos la puerta a:
• Controles conjuntos innecesarios.
• Ambigüedades en nuestras rutas comerciales.
• Un debilitamiento de nuestra posición en el mar austral.
El camino a seguir:
Chile no necesita pelear, pero sí necesita ser coherente. No basta con que los diplomáticos se entiendan; es necesario que nuestras leyes, nuestros mapas y nuestras declaraciones técnicas hablen el mismo idioma.
La buena fe entre vecinos se basa en respetar lo pactado. El Estrecho de Magallanes ha sido, es y debe seguir siendo una zona de paz bajo soberanía chilena. Cualquier frase que intente decir lo contrario, por muy técnica que suene, es simplemente un error que no podemos dejar pasar.


