- Suena alarmante y puede generar preocupación, pero es la forma de nombrar a aquellos embarazos a los que los médicos necesitan brindar una atención especial para que no haya mayores complicaciones.
En Chile, la hipertensión arterial (HTA) es uno de los desafíos más grandes de salud pública, y afecta de manera diferenciada a las mujeres, con una prevalencia que aumenta drásticamente con la edad. Así como entre los 15 y 24 años la prevalencia estimada en mujeres es de un 1,8%, entre los 25 y 44 años se eleva a un 6,3%, a un 18,3% en mujeres de 45 a 64 años, y cercanas al 50% en la población femenina de más de 65 años.
Si nos enfocamos sólo en el embarazo, -etapa que se supone emocionante y gratificante- aquellos considerados de “alto riesgo”, como el de una mujer hipertensa. necesitan cuidados especiales y un seguimiento más estrecho. Estos casos afectan al 10% del total de embarazos y hoy, gracias a la tecnología y la ciencia, contamos con métodos efectivos para prevenir o controlar las complicaciones de manera positiva.
Lo fundamental es identificar precozmente a las mujeres con factores de riesgo asociados, mediante una buena historia clínica, para así disminuir las consecuencias negativas y conseguir el mejor resultado al final del embarazo. No hay que asustarse por la “etiqueta” de embarazo de alto riesgo, ya que en la mayoría de los casos sólo implica un mayor número de controles médicos, no necesariamente enfrentar un problema durante la gestación.
Entonces, si bien la hipertensión arterial no está contraindicada a priori para un embarazo, sí requiere de un cuidado y riguroso seguimiento durante todo el proceso. “Lo ideal es programarlo para comenzar con todos los cuidados previos, ya que así se puede definir el mejor momento para buscar un embarazo y estar en mejores condiciones cuando éste ocurra”, explica la doctora Abril Salinas, especialista de medicina reproductiva de IVI Santiago y presidenta de la Sociedad Chilena de Medicina Reproductiva (Socmer).
Así como una mujer diabética debe llevar un estricto control de sus glicemias durante el embarazo, las mujeres hipertensas deben controlar su presión arterial a diario, además de cumplir estrictamente con la ingesta de medicamentos prescrita por el especialista, para evitar complicaciones como menor crecimiento del bebé intrauterino, parto prematuro, preeclampsia, hipertensión inducida por el embarazo o problemas con la placenta.
¿Qué se considera normal y qué es hipertensión?
Durante el embarazo, los criterios cambian ligeramente respecto a la población general. Una presión arterial “normal” es siempre menor a 119/79; “en el caso de hipertensión gestacional estamos hablando de valores de 140/90 o superiores, medidos en dos ocasiones separadas con al menos 4 horas de diferencia. Si este control arroja cifras sobre 160/110, estamos hablando de una emergencia médica”, agrega la doctora Salinas.
También se debe tener en cuenta que hay diferentes tipos de hipertensión en el embarazo:
- Crónica: Aquella que la paciente presenta desde antes, o que se diagnostica antes de la semana 20 de gestación.
- Gestacional: Aparece después de la semana 20, y se manifiesta por ausencia de proteínas en la orina o proteinuria. Suele desaparecer tras el parto.
- Preeclampsia: Es la forma más compleja de hipertensión, empieza después de la semana 20 y se asocia a daños en otros órganos, como riñón o hígado, con un aumento de proteínas.
- Eclampsia: Complicación grave de la preeclampsia, que incluye convulsiones.
Si hablamos de prevención, la alimentación también juega un rol fundamental durante el proceso de gestación. “Es importante que la ingesta de sal esté controlada; de hecho, las guías actuales sugieren limitar el sodio a menos de 2 gramos al día, el equivalente a 1 cucharadita de té rasa”, señala la especialista de IVI, “y seguir una dieta rica en fibras y proteínas sanas, como huevo, pollo, pescado, legumbres y nueces. Y siempre mucha agua”, finaliza.
¿Qué evitar? Alimentos enlatados, como los pescados o frutas conserva, por su alto contenido en sodio; también los embutidos como salchichas, salame o chorizo, y los productos azucarados y ricos en grasas saturadas, ya que contribuyen a un alza en la presión arterial. Como la actividad física siempre es recomendable, algunos de los ejercicios aeróbicos que sí es posible realizar son caminar, trotar, andar en bicicleta, nadar o bailar, siempre bajo control del médico especialista.


