El discurso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el Foro Económico Mundial de Davos volvió a poner en el centro del debate global el rumbo de la política comercial y de inversión estadounidense.
En un contexto marcado por tensiones geopolíticas, críticas de la Unión Europea y su insistencia en la idea de anexar Groenlandia por razones estratégicas, los mercados comenzaron a recalibrar riesgos, con efectos que podrían sentirse también en economías abiertas como la chilena.
De acuerdo con Agustín Bilinskis, Regional Manager Latam de VT Markets, el mensaje de Davos confirma que el nuevo marco de política económica de Estados Unidos debe leerse como un combo de proteccionismo, seguridad nacional y política industrial, con impacto directo en el comercio internacional, las cadenas de valor y los flujos de capital hacia mercados emergentes.
“Para América Latina —y Chile en particular— ya no se trata solo de crecimiento global, sino de cómo EE.UU. usa el comercio, la inversión y la regulación como herramientas estratégicas”, señala Bilinskis.

Chile frente al nuevo enfoque de Estados Unidos
En el caso chileno, el impacto no sería inmediato ni homogéneo, pero sí relevante en sectores clave. La economía local, altamente integrada al comercio global y dependiente de los flujos de inversión extranjera, podría verse afectada principalmente a través de canales financieros y sectoriales.
Uno de los focos está en la minería, especialmente el cobre, considerado un insumo estratégico para la transición energética y la infraestructura eléctrica global. Según VT Markets, el énfasis de Estados Unidos en asegurar cadenas de suministro “amigas” podría favorecer a países percibidos como proveedores confiables, como Chile, aunque con mayores exigencias regulatorias, trazabilidad y estándares ESG, lo que también encarece y politiza los proyectos de inversión.
A esto se suma el sector energético e infraestructura, donde eventuales cambios en aranceles, financiamiento externo o regulaciones sobre insumos críticos pueden introducir mayor volatilidad en costos y plazos de inversión.
En el plano financiero, Bilinskis advierte que cualquier escalada en las tensiones entre Estados Unidos y Europa —derivadas del discurso de Trump o de disputas comerciales— podría generar episodios de “risk-off” global, fortaleciendo al dólar y presionando monedas como el peso chileno, altamente correlacionado con el precio del cobre y el apetito por riesgo.
Groenlandia y el efecto indirecto sobre la inversión
Si bien la controversia en torno a Groenlandia no implica una reasignación directa de capitales desde América Latina, sí introduce ruido geopolítico que afecta la percepción de riesgo global. El interés estadounidense por ese territorio se vincula directamente a minerales críticos y seguridad estratégica, lo que intensifica la competencia internacional por activos mineros y energéticos.
“Más que un ‘Latam versus Groenlandia’, el mercado empieza a discriminar por sectores alineados o no con la agenda estratégica de EE.UU.”, explica Bilinskis. En ese escenario, Chile podría beneficiarse como destino de inversión minera, aunque enfrentando mayores condiciones de cumplimiento y escrutinio.
Un antecedente clave: la volatilidad de 2025
El discurso de Davos llega, además, con un antecedente reciente que los inversionistas no pasan por alto.
Durante 2025, las políticas comerciales y regulatorias impulsadas por Donald Trump provocaron episodios de volatilidad y salidas de capitales desde Estados Unidos que no se observaban desde hacía varios años, afectando tanto a mercados desarrollados como a emergentes.
Ese precedente refuerza la cautela actual de los mercados frente a señales de endurecimiento comercial, uso de aranceles como herramienta de negociación y mayores controles sobre inversión y tecnología.
Para Chile, el escenario base no apunta a un shock inmediato, pero sí a un entorno de mayor selectividad en la inversión extranjera, mayor volatilidad financiera y una creciente importancia del factor geopolítico en decisiones de largo plazo.
Por lo que el desafío para economías como la chilena será navegar un mundo donde el comercio y la inversión ya no responden solo a criterios económicos, sino también estratégicos, en un contexto donde Estados Unidos vuelve a marcar el ritmo del ciclo global.









