El 3 de enero venezolanos en Chile celebraban con bandera de EEUU la captura de Maduro. (Foto: Infogate)

Lo que sucedió en Venezuela es preocupante, y no por la impecable operación militar de extracción de Nicolás Maduro, sino por la incapacidad latinoamericana de resolver sus propios problemas.

Todos sabíamos que el régimen venezolano se había robado las elecciones, y los gobiernos democráticos en la región lo había condenado. Así y todo, las gestiones no llevaban a ningún lugar y no tenían absolutamente ningún efecto.

Es más, en la coalición del gobierno de Chile había un partido que defendía la legalidad de las elecciones venezolanas, y era el partido de la candidata oficialista a la presidencia. Obviamente que en un país como Chile fue derrotada con una amplia mayoría.

Da para pensar que la “izquierda democrática” chilena llevara como candidata a una miembro del único partido que defendía al régimen de Venezuela.

Probablemente era uno de esos mensajes épicos, sin contenido real, que la izquierda chilena se ha acostumbrado a realzar y que les ha costado palizas electorales épicas. Evidentemente con nula autocrítica.

Pero lo más preocupante es que se avecinan las elecciones del secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Un organismo que año tras año se torna más y más insignificante. Y sobre todo ahora que EEUU, que financiaba más de un 50% de la ONU se retira de más de 30 Institutos de la ONU, dejando de financiarlos.

El multilateralismo está es serios aprietos

Un mundo donde no hay respeto por reglas, y simplemente se impone el que tiene más fuerza militar. Evidentemente esto, hasta el momento, se ha dado en las zonas de influencia de cada una de las tres potencias principales (EEUU, Rusia y China) y sus Estados vasallos históricos, como Rusia – Ucrania o EEUU– Venezuela.

Y el problema que viene para un país como Chile es todavía insospechado.

Efectivamente venimos saliendo de un gobierno del Frente Amplio, soñadores entre ingenuos y mediocres, que querían cambiar todo, pero simplemente afianzaron el modelo vigente por su incapacidad intelectual de entender como cambiar un país. Y ahora estamos con los mismos que diseñaron otro modelo en la Convención II, que también fue rechazado ampliamente en las urnas.

Esperemos que ese fracaso sirva como una curva de aprendizaje para la dura tarea de gobernar e insertarse en el mundo, un mundo muy complejo que necesita de una país con un proyecto común y dejar de lado esos “gustitos personales” que se dieron en las Convenciones I y II.

Hay que dejar atrás el folclorismo latinoamericano y sobre todo sus simbolismos como motosierras o cárceles inhumanas.

Chile debe apelar a su institucionalidad y arreglar aquellas que no estén funcionando bien… pero en ningún caso refundarlas.

Al tener un estado de derecho con instituciones sólidas, ya nos permite afrontar de mejor forma los difíciles tiempos que vienen, especialmente en un vecindario donde el folclorismo siempre está vigente, tanto en la izquierda como en la derecha política.

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