El Ministerio de Relaciones Exteriores se encuentra efectuando diversas diligencias ante autoridades del Gobierno y Poder Judicial de Bolivia, en torno al asesinato de dos ciudadanos chilenos, cuyos cuerpos fueron hallados el pasado miércoles en las cercanías de Challapata, Oruro.
La Cancillería señaló que, «a través del Consulado General de Chile en La Paz, ha mantenido contactos al más alto nivel con las autoridades bolivianas por el caso de las personas asesinadas en el municipio de Challapata, departamento de Oruro».
Asimismo, se dio a conocer que ayer jueves, el embajador Fernando Velasco, cónsul general de Chile en el vecino país, se comunicó con el canciller Fernando Aramayo «para solicitar su apoyo para gestionar una adecuada colaboración en la materia. Resultado de esto, el cónsul conversó hoy (viernes) con el ministro de Gobierno de Bolivia, Marco Antonio Oviedo, así como con el fiscal que lleva la causa. Ambas autoridades han mostrado la mejor disposición para colaborar para que la investigación se lleve de la manera más expedita posible».
En paralelo, se indicó que «el cónsul ha estado en contacto con familiares de una de las víctimas, que se encuentran en ese país para reunirse con la Fiscalía, y se les ha ofrecido toda la asistencia consular».
Macabro crimen
Los fallecidos son dos ciudadanos chilenos de 30 y 35 años de edad, cuyos cuerpos fueron hallados enmanillados, con signos de torturas y quemados. En el lugar se verificó un vehículo aparentemente indocumentado, que «se encontraba siniestrado por un incendio presumiblemente provocado».
La prensa local indicó que la Policía, en sus últimas investigaciones, reveló que los autores del suceso son encapuchados denominados “mexicanos”, que actuaron «sin piedad y de forma premeditada».
Según reporta el diario boliviano El Deber, en el lugar los policías hallaron un documento de identidad que correspondería a uno de los chilenos asesinados. Se trata de Ariel Andrés Reyes Novoa de 35 años, mientras que el otro chileno no portaba documentos.
Añade que, para la Policía, la comunidad México Chico en cercanías de Challapata, es parte de una de las rutas más peligrosas de Bolivia, describiendo que en dicho poblado «reina el contrabando de autos chutos y el tráfico de drogas. Ahí nacieron clanes familiares que tienen contactos con similares de Chile, con quienes gestionan el ingreso de autos robados en el norte chileno y la venta de cocaína».






