Tuberculosis: El enemigo que trasciende generaciones

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Por: Sofía Abascal Muñoz – Enfermera y encargada comunal de PROCET en Santiago.

¿Sabías que la tuberculosis nunca ha desaparecido? A pesar de los avances científicos y médicos, sigue siendo una de las enfermedades infecciosas más antiguas y persistentes en la historia de la humanidad.

De acuerdo con un estudio publicado en PubMed por I. Barberis, N.L. Bragazzi, L. Galluzzo y M. Martini, la Mycobacterium tuberculosis podría tener un origen que se remonta a más de 150 millones de años, mucho antes de la aparición del ser humano. De hecho, se han encontrado signos de la enfermedad en restos óseos del Neolítico.

Cabe recordar que entre los años 3000 y 1500 a.C., en civilizaciones asiáticas, ya se describía una afección llamada “escrófula”, que comprometía los ganglios linfáticos cervicales y que hoy sabemos corresponde a una manifestación clínica de la tuberculosis.

Fue recién el 24 de marzo de 1882 cuando el médico prusiano Robert Koch anunció el descubrimiento del agente causal: Mycobacterium tuberculosis o bacilo de Koch, marcando un antes y un después en la historia de la medicina. Desde entonces, cada 24 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Tuberculosis, un recordatorio de que esta enfermedad no pertenece al pasado.

Aunque parezca algo lejano, la tuberculosis sigue presente. Se estima que una de cada cuatro personas en el mundo está infectada, aunque solo entre el 5% y el 10% desarrollará la enfermedad activa. En Chile, si bien las cifras han disminuido respecto de décadas anteriores, es importante señalar que la comuna de Santiago mantiene tasas superiores al promedio nacional, caracterizado por la persistencia de brotes, casos resistentes a medicamentos y de formas muy graves.

Entonces, la pregunta es inevitable: ¿Por qué seguimos creyendo que la tuberculosis ya no existe? Parte del problema radica en la pérdida del sentido de urgencia. La disminución de casos visibles genera la falsa sensación de control y muchas personas postergan sus consultas o abandonan tratamientos, favoreciendo así la transmisión y la resistencia bacteriana.

La tuberculosis no solo es una enfermedad transmisible: Es también un reflejo de las inequidades sociales, de las brechas en el acceso a la salud y de los desafíos persistentes en materia de prevención.

En este contexto, los programas de tuberculosis impulsados desde la salud pública cumplen un rol esencial. No solo buscan recuperar la salud de las personas afectadas, sino también interrumpir la cadena de transmisión mediante el diagnóstico oportuno, la adherencia terapéutica y la educación comunitaria.

Recordar la historia de este enemigo silencioso no es un ejercicio de nostalgia, sino un llamado a mantener la vigilancia. La tuberculosis ha sobrevivido millones de años porque, de alguna forma, hemos permitido que lo haga.

En nuestras manos está impedir que siga trascendiendo generaciones.

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