Solo 2 de cada 10 estudiantes STEM son mujeres: el desafío del talento tecnológico en Chile

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Por: Alejandra Acuña, directora de la Escuela de Informática y Telecomunicaciones de Duoc UC.

En momentos en que la inteligencia artificial y la transformación digital están redefiniendo las economías del mundo, Chile enfrenta una brecha que limita su capacidad de innovación: solo dos de cada diez estudiantes en carreras STEM son mujeres. Más que una cifra, este dato refleja uno de los grandes desafíos —y al mismo tiempo una oportunidad— que enfrenta hoy el desarrollo tecnológico del país.

Actualmente, las mujeres representan más de la mitad de quienes ingresan a la educación superior. Sin embargo, cuando se observan las carreras vinculadas a ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas —las llamadas STEM— la situación cambia drásticamente: la participación femenina alcanza apenas el 20,8%, frente a cerca de un 80% de hombres.

Esta brecha aparece en un momento particularmente relevante. La tecnología está transformando prácticamente todos los sectores productivos. La inteligencia artificial, la ciberseguridad, el desarrollo de software y la analítica de datos están redefiniendo industrias completas, desde la salud hasta el comercio, las finanzas y la logística.

El desafío es que esta transformación avanza más rápido que la formación de capital humano especializado. Chile enfrenta un déficit sostenido de profesionales tecnológicos, con miles de vacantes que cada año quedan sin cubrir en áreas estratégicas como programación, análisis de datos o ciberseguridad. Un país que forma tecnología con solo una parte de su talento disponible está limitando su propia capacidad de innovar.

En este contexto, la baja participación femenina no solo representa una brecha de equidad, sino también una oportunidad que el país no puede desaprovechar. Cuando los equipos que diseñan tecnología son diversos, las soluciones que se desarrollan también lo son. La diversidad amplía las perspectivas desde las cuales se identifican problemas y se construyen respuestas más inclusivas y representativas de la sociedad.

Esto resulta especialmente relevante en ámbitos como la inteligencia artificial, donde la falta de diversidad en los equipos de desarrollo puede reproducir sesgos en los datos o en las decisiones automatizadas. Equipos diversos, en cambio, tienen mayor capacidad para identificar riesgos, cuestionar supuestos y diseñar soluciones tecnológicas más responsables.

En la educación técnico-profesional ya comienzan a observarse señales de avance. En algunas instituciones, la matrícula femenina en carreras tecnológicas ha comenzado a crecer en las nuevas generaciones, lo que muestra que cada vez más mujeres están descubriendo en la tecnología un espacio de desarrollo profesional y de impacto.

Para consolidar este avance es fundamental seguir acercando estas disciplinas a niñas y jóvenes desde etapas tempranas. Programas de mentoría, redes de apoyo, becas y la visibilización de referentes femeninos en tecnología pueden marcar una diferencia significativa al momento de elegir una trayectoria profesional.

Si Chile quiere liderar la economía digital de las próximas décadas, aumentar la participación femenina en tecnología no es solo una tarea de equidad: es una condición para el desarrollo del país.

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