Michelle Bachelet en foto archivo cuando era Comisionada DDHH de la ONU en 2022.

La postulación de Michelle Bachelet como secretaria general a la ONU no era ningún secreto. Y en las visitas protocolares la presidente electo, José Antonio Kast, el tema se tocó, y el indicó que no se iba a referir al tema hasta que asumiera el día 11 de marzo.

Que haya sido una buena estrategia o no se verá más adelante, pero el hecho es que con esa decisión le dejaba la cancha libre al gobierno para que siguiera en la campaña e inscribiera la candidatura de Michelle Bachelet.

Evidentemente hubo un cambio de ánimo después del World Económico Forum (WEF) en Davos, y especialmente después del discurso del Premier canadiense Mark Carney.

Ya sabíamos que el mundo había cambiado, pero ahora lo escuchamos de un líder, aliado histórico de EEUU. Este nuevo mundo ahora requiere cambios profundos y liderazgos que entiendan el nuevo ciclo, diciendo la verdad y asumir que la nostalgia no es una opción de futuro. Además, ahora ya los “middle powers” (“potencias medias”) van a tener que asumir un mayor rol en sus respectivas regiones, uniéndose y haciendo respetar el derecho internacional sin excepciones para todos por igual.

Latinoamérica siempre fue una región insignificante, incapaz de ponerse de acuerdo, con gobiernos más folclóricos que enfocados gobernar de forma correcta. Ese folclorismo latinoamericano aún se aprecia en la incapacidad de tener instituciones sólidas o de tener a líderes “normales” (que duren un periodo convencional o que no se crean rockeros de motosierras). Chile ha sido la excepción, a pesar del estallido social del año 2019.

El liderazgo de Bachelet es importante porque representa a la institucionalidad chilena por un lado, que es una excepción en la región latinoamericana, y por otro lado a México y Brasil, que son los dos “middle powers” latinoamericanos”. Es un símbolo de esperanza que desde Latinoamérica somos capaces de hacer las cosas bien.

Ahora bien, evidentemente que Michelle Bachelet debe hacer una profunda autocrítica, ya que sus gobiernos, especialmente el segundo fueron los que nos llevaron a la grave crisis institucional por la que pasó Chile.

Y en parte la crisis no se agravó, dado que ella fue la que empoderó a una generación política que resultó ser la intelectualmente más mediocre de la historia de Chile, además con nula capacidad cognitiva. Eso quedó demostrado que después del histórico rechazo a la Convención I lograron el mismo resultado con su candidata presidencial en segunda vuelta presidencial. Simplemente trataron de hacer lo mismo, pero esperaban resultados diferentes.

Mark Carney ya nos avisó: “El viejo orden ya no va a volver. No podemos lamentarnos. La nostalgia no es una estrategia.”

Por eso espero que Michelle Bachelet se junte prontamente con el nuevo Canciller Francisco Pérez Mackenna para organizar este año que va a ser muy intenso.

No le deseo mucha suerte, porque todos sabemos que el trabajo que se le viene encima no va a ser fácil. Va a ser un desafío enorme y como chilenos la vamos a apoyar.

¡Buen trabajo!

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