No todo buen precio es una buena inversión: las claves que hoy definen una oportunidad inmobiliaria

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Foto agencia

Según el Índice de Ventas de Actividades Inmobiliarias del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el indicador registró crecimientos interanuales entre 8,5% y 10,7% durante 2025, reflejando que el mercado inmobiliario chileno se mantuvo activo y dinámico durante el año pasado, aunque con un comprador cada vez más selectivo.

El mercado inmobiliario chileno cerró 2025 con actividad sostenida, pero con una señal clara: el precio dejó de ser el único criterio para decidir. En un escenario de mayor exigencia financiera y análisis más detallado, los inversionistas comenzaron a distinguir entre ofertas atractivas y activos que realmente funcionan como inversión.

En este contexto, el precio dejó de ser el único criterio. “No basta con que esté barato; lo importante es que tenga demanda y genere ingresos”, explica Rodrigo Lewin Schmied, founder & CEO de GoodProp, plataforma especializada en inversión inmobiliaria. Según el ejecutivo, una propiedad puede parecer conveniente por descuento, pero si no existe demanda real para arrendarla o revenderla, el negocio se debilita.

El cambio responde a una mirada más estructurada. Hoy variables como vacancia, flujo neto después de gastos comunes y contribuciones, competitividad en UF/m² y liquidez del activo pesan más que la rebaja inicial. “No todo buen precio es un buen activo. Una oportunidad real debe sostenerse en distintos escenarios, no solo en el optimista”, agrega Lewin.

La liquidez se transformó en un concepto central. Para el arriendo, el tiempo promedio de publicación, la competencia directa en la misma tipología y el precio real de cierre son indicadores clave. En reventa, influyen la ubicación, el desarrollo del sector, la seguridad y la administración del edificio. “Liquidez es cuánto te cuesta salir: en tiempo, en precio y en competencia”, resume.

En este contexto, los errores más frecuentes se repiten: confundir descuento con oportunidad, subestimar gastos comunes o no comparar el valor por metro cuadrado con activos similares. “El descuento no se invierte; se invierte el flujo neto y la demanda”, señala el ejecutivo.

Para 2026, la recomendación es clara: antes de mirar el precio, analizar demanda comprobable, velocidad de arriendo, estructura de financiamiento y coherencia del activo dentro de una estrategia patrimonial más amplia. La propiedad ya no se evalúa como una compra aislada, sino como parte de una cartera que debe resistir distintos ciclos económicos.

En un mercado que sigue activo, pero más exigente, la diferencia entre una oferta y una oportunidad ya no está en el porcentaje de rebaja, sino en la capacidad del activo para generar ingresos, mantener liquidez y sostener su valor en el tiempo.

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