Virus Nipah: alerta sin alarmismo y el valor de la prevención

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Por: Claudio Cabello – Director del Centro de Investigación de Resiliencia a Pandemias Universidad Andrés Bello (UNAB).

El reciente rebrote del virus Nipah (NiV) en India volvió a instalar una pregunta que,
tras la pandemia por COVID-19, quedó grabada en la agenda sanitaria global:
¿estamos preparados para reaccionar a tiempo frente a amenazas emergentes,
aunque aún sean pequeñas en número de casos?

El virus Nipah no es nuevo, pero sí inquietante. Identificado por primera vez a fines
de los años noventa, es un virus zoonótico cuyo reservorio natural son los murciélagos
frugívoros. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo clasifica como un patógeno
prioritario por su alta letalidad, estimada entre 40 y 75%, según el brote, y por la
ausencia de vacunas o tratamientos específicos disponibles para la población general.

En el episodio reciente en India, los casos confirmados fueron pocos y rápidamente
aislados. Sin embargo, bastaron para que países vecinos reforzaran controles
sanitarios y vigilancia epidemiológica. Lejos de ser una exageración, esta reacción
refleja una lección aprendida: cuando un virus combina gravedad clínica y falta de
herramientas preventivas, la rapidez importa más que el tamaño inicial del brote.

¿Cómo afecta el virus Nipah a las personas? El problema central es que comienza
con síntomas inespecíficos: fiebre, dolor de cabeza, tos, malestar general y dificultad
respiratoria. En algunos pacientes, en cuestión de días, el cuadro puede progresar
hacia encefalitis, con compromiso neurológico severo e incluso coma. Esta evolución
rápida explica la elevada letalidad observada en distintos brotes.

La transmisión del virus puede ocurrir desde animales a humanos, por contacto con
murciélagos o animales infectados, por consumo de alimentos contaminados y
también entre personas, especialmente en contextos de contacto estrecho, como
hogares o centros de salud. De hecho, en brotes previos se ha documentado contagio
de trabajadores sanitarios, lo que refuerza la necesidad de medidas estrictas de
control de infecciones.

Una de las preguntas más frecuentes es si existe una vacuna. La respuesta es clara:
no hay, por ahora, una vacuna aprobada y disponible contra el virus Nipah, ni en
Chile ni en el mundo. Existen ensayos clínicos en curso y proyectos de investigación
promisorios, pero aún no se traducen en una herramienta de uso masivo.

¿Existe riesgo para Chile? Hoy, el riesgo de un brote local es bajo. Sin embargo, en
un mundo altamente conectado, el principal desafío es la detección precoz de casos
importados. Eso implica que los equipos de salud mantengan la capacidad de
sospechar, aislar y notificar oportunamente ante cuadros compatibles en personas
con antecedentes de viaje o exposición.

Para la población general, el mensaje debe ser de calma informada. No se trata de
alarmarse, sino actuar con base en lo aprendido durante la pandemia de COVID-19: mantener una buena higiene de manos, evitar el consumo de alimentos potencialmente contaminados en zonas de riesgo, consultar tempranamente ante síntomas tras un viaje, y no automedicarse.

El rebrote de Nipah en India no anuncia una nueva pandemia, pero sí nos recuerda que
la prevención y la vigilancia son siempre más baratas, y más humanas, que la
improvisación frente a una crisis desatada.

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