Ministerio de Defensa vista desde Alameda norte. (Foto: Infogate)

El «estropicio» que está quedando en evidencia con la conformación del gabinete del Presidente Electo preocupa por cómo lo ha ido ventilando la prensa, que ha generado una sensación de desorden, falta de liderazgo y la presión excesiva de los partidos.

Mas allá del manejo comunicacional -una falla recurrente en todos los sectores políticos-, lo que deja esta situación es la falta de sintonía para abordar ciertos ministerios como ocurre con Defensa, que es una secretaría de Estado relevante y de primera línea, pero que desde hace mucho tiempo viene siendo ya sea una suerte de “premio de consuelo” o bien una alternativa para neutralizar eventuales rivales políticos, siendo la realidad que, junto a Relaciones Exteriores, Interior y Hacienda, se trata de ministerios clave en la conducción del Estado y la Nación.

Por estos días han surgido una serie de nombres para la cartera. Muchos insisten en que debe ser un ex militar en retiro del grado de general o almirante, lo que significaría un error de parte de la autoridad política, aproximable a lo ocurrido en Argentina, donde se llegó al extremo de designar a un militar en activo en el cargo. Los militares no necesitan a un militar de jefe político sino que a un ministro de Defensa que tenga una buena relación con el parlamento, que entienda la Defensa como una parte fundamental del Estado y con una amplia visión político-estratégica como brazo ejecutante del Presidente de la República en el sector.

Lo que hay que tener en cuenta

La lectura interna que se hace en el mundo castrense es que si el Gobierno coloca a un ex militar como ministro, podría llegar a favorecer más a su exinstitución por sobre las demás, algo que no tiene un sustento real, pero que igual se debe considerar, ya que es parte de las dinámicas que se dan en el mundo de la Defensa.

Lo más importante que debe tenerse en cuenta en esta nominación es que el o los postulantes al cargo sean especialistas y políticos que hayan estado relacionados con la Defensa, que entienda no tanto de los llamados «fierros» (armamento) sino que cómo se conforma, el capital humano constituyente, las necesidades presupuestarias, inversiones que hay que hacer para mantener capacidades, y las nuevas complejidades de la entorno regional y mundial.

Recomendaciones

Nombres con buenas credenciales para considerar en esta cartera podrían ser, por ejemplo el actual presidente de la Comisión de Defensa del Senado, Javier Macaya, o el del especialista en Seguridad y Defensa, Richard J. Kouyoumdjian, quien además tiene la gracia de haber colocado en la agenda algunos de los principales temas de Defensa actualmente en desarrollo y discusión.

Otros nombres pueden ser la excandidata presidencial Evelyn Matthei, quien cuenta con vínculos históricos con el sector; o el abogado Pablo Urquízar, antiguo jefe de gabinete de la cartera y experto en temas de seguridad. El también abogado Fernando Barros, también ha surgido como alternativa, principalmente por sus amplias redes de contacto y su no militancia que implicaría no buscar con este cargo un trampolín político.

Considerando su relevancia, no es necesario improvisar en esta búsqueda. El equipo del Presidente Electo tiene que alejarse de la presión de los partidos en el caso puntual de Defensa y encontrar a candidatos óptimos y con sentido país, que vean a la Defensa como un tema de Estado.

Publicidad