Bolivia se abre al comercio y pone a prueba la logística chilena

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Por: Gabriel Gurovich,Chief Evangelist Officer KLog.co.

Las 888 mil toneladas ligadas a Bolivia que pasaron por el Puerto de Iquique en los primeros diez meses de 2025 no son una anécdota estadística. Son una señal estructural. Mientras otros terminales dependen de ciclos volátiles, Iquique sostiene un flujo regular que revela algo más profundo: la logística andina funciona cuando hay continuidad, coordinación y confianza operativa. Bolivia no “usa” Iquique de manera ocasional; lo integra a su ecuación económica en un momento en que empieza a redefinir su relación con el comercio exterior y la apertura a los mercados.

Ese volumen mensual –cercano a 90 mil toneladas– tensiona patios, carreteras, turnos y sistemas porque ya no responde a una lógica coyuntural, sino a un ciclo de mayor proyección externa boliviana. El movimiento expone las costuras de la cadena completa: aduanas, transporte terrestre, planificación urbana y tecnología. Cuando falla una pieza, el corredor entero pierde ritmo. Cuando fluye, Tarapacá gana empleo, servicios y densidad económica real, en sincronía con una Bolivia que mira más allá del mercado interno.

El desafío es estratégico. Bolivia entra en una etapa donde comercio e integración productiva dejan de ser discurso y pasan a ser política económica. Con el Corredor Bioceánico en el horizonte, Iquique debe decidir si sigue siendo paso o se consolida como plataforma. Más capacidad sin más inteligencia solo amplifica cuellos de botella. La oportunidad está en elevar estándares y coordinar sistemas. Porque cuando un país se abre al mundo, la logística de su vecino deja de ser infraestructura: se vuelve destino.

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