Por: Richard Kouyoumdjian, AthenaLab.

No alcanzamos a salir del impacto de la captura de Maduro y ya vemos otra crisis desarrollándose, Irán está en modo revolución inversa, con cientos de muertos, algo que no gusta cuando se quiere estabilidad y que no haya acciones riesgosas por parte de los ayatolas, los que por desesperación pueden realizar cosas que pongan en riesgo la paz que se ha ido logrando en el medio Oriente.

¿Por qué debieran los Estados Unidos de Norteamérica preocuparse de lo que ocurre en Irán después de haber neutralizado el desarrollo de capacidades nucleares por parte de ese país, algo que ponía en riesgo no solo a Israel sino también a los norteamericanos?

Debieran hacerlo porque los ayatolas los sindican a ellos y los israelíes como los culpables de los que les pasa, por lo que pueden atacar sus intereses y tropas ubicadas en la zona.

Claro que a Estados Unidos les preocupa las perdidas de vidas humanas, pero es el impacto a su interés y su seguridad nacional lo que los podría llevar a actuar sobre el régimen iraní, uno que les viene dando problemas hace rato, pero que mientras no les afecte en forma importante, están dispuestos a aceptar y permitir que exista.

La estrategia de seguridad nacional, un documento publicado en noviembre de 2025 pone énfasis en dos conceptos básicos y simples, el interés nacional y la seguridad de los norteamericanos.

Es por ello por lo que están dispuestos a aceptar que los chinos manden en Asia, o que los rusos lo hagan en lo que era la antigua Unión Soviética y países que pertenecían al Pacto de Varsovia. Lo harán conforme se queden sólo en eso y no quieran crecer al punto de colocar en riesgo la seguridad nacional de Estados Unidos.

Es un error pensar que a Estados Unidos sólo le preocupa lo que ocurra en las Américas, o lo que se llama el hemisferio occidental. Obviamente quieren vivir en un hemisferio en que no haya riesgos a su existencia o su seguridad nacional y harán lo que sea para que ello sea una realidad, incluyendo cosas como sacar a Maduro, destruir narco lanchas, o capturar petroleros que buscan evadir programas de sanciones.

A ellos les preocupa cualquier cosa o situación que coloque en riesgo sus interés o buen vivir, sea que esté ubicado al sur de sus fronteras, en las profundidades el Pacífico o en el Asia menor. Hoy, a diferencia de antaño, no buscan que todos los países sean democráticos o sigan el libre mercado. Son más modestos, sólo quieren estar seguros, de que no los ataquen o no los busquen envenenar por la vía de drogas como la cocaína o el fentanilo.

Como lo que buscan no se los pudo proveer las Naciones Unidas, la OEA y otras organizaciones internacionales equivalentes, decidieron tomar el toro por las astas y actuar en forma directa. Ellos a diferencia de nosotros, tienen un poder militar superlativo, uno que les permite actuar en cualquier lugar y en cualquier minuto. Siendo, así las cosas, no necesitan de un mundo basado en reglas ya que esas reglas a ellos nada les resuelven o sirven.

Venezuela, un país ubicado a 3 horas de vuelo de Miami, era para ellos un riesgo por las drogas que salían al mercado norteamericano, por la exportación de organizaciones criminales narco que aprovechando los flujos migratorios ilegales buscan operar en su país, porque los chinos, los iranies y rusos los prefieren lejos, en sus ámbitos de influencia, pero no a una distancia que los coloca nerviosos, y porque no les gusta la idea de que el petróleo de la cuenca del Orinoco tenga como destino el mercado Chino, un país al que prefieren ver disminuido y sin capacidades de afectarlos.

Claro que Colombia se debe preocupar si no demuestran que están haciendo todo lo humanamente posible por eliminar la producción de coca y otras drogas en su territorio, y a la vez buscando que no salgan con destino a Norteamérica. Si no lo hacen, de seguro van a sufrir las consecuencias. No es un tema con Petro, es con Colombia como fuente de exportación de drogas destinadas a los norteamericanos.

¿Chile debiera preocuparse? Claro que sí, se debe preocupar porque hay inversiones chinas en sectores que se podrían entender como estratégicos, algo que no gusta al país del norte. Ya han hecho ver su opinión al respecto al gobierno de Chile, el que, hasta ahora a pesar de toda la retórica, ha reaccionado positivamente a los requerimientos norteamericanos.

Estados Unidos no tiene problemas con que comerciemos con China, o que China sea nuestro principal socio comercial. También es un importante socio comercial de ellos, como lo es del resto del mundo.

Lo que no quieren es una China influyente o poderosa en las Américas, una que pueda colocar en riesgo su seguridad nacional, de la misma forma que no la quieren poderosa a nivel mundial de modo que no se sientan seguros o su interés pueda verse afectado.

La estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos de Norteamérica puede no gustar a algunos que añoran tiempos pasados, pero eso es no entender que las cosas cambiaron, que ahora existe una China que busca sus propios espacios y que ellos entienden como una amenaza, algo que los chinos hacen más bien siguiendo las lecciones y estrategias de Sun-Tzu y los tiempos propios de las culturas asiáticas, más que bajo la forma e inmediatez occidental.

En simple para entender cómo piensan y actúan los norteamericanos cuando se trata de seguridad nacional, no les gusta nada que la ponga en riesgo y actuaran en contra de lo que ellos consideren que la afecta. Tienen la capacidad y los medios para hacerlo. No se van a enredar en temas filosóficos, religiosos o ideológicos. Su aproximación es 100% pragmática, aterrizada y lógica.

Si países como Chile, Argentina o el resto de los países de Sudamérica los ayudan a ser más seguros, los premios y cercanía se notarán, de lo contrario, los castigos y alejamiento serán evidentes.

Como bien dijo el embajador Brandon Judd en la recepción con que inauguro su misión en Chile, su tarea y propósito es proteger y defender el interés y la seguridad nacional de los Estados Unidos de Norteamérica, nada más y nada menos. El resto es música.

Si queremos el apoyo de ellos en temas de seguridad y defensa, lo tendremos conforme les demostramos que nuestras acciones buscan eliminar o neutralizar cosas o situaciones que para ellos son un riesgo. Quien dirija la Cancillería lo debe tener claro.

Publicidad