Peña explica el fracaso de Ciudadanos y de su líder: “(Andrés) Velasco no tiene carisma”

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Un duro juicio para explicar el fracaso del partido de Andrés Velasco ante el Servel, hace el rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, afirmando que son muchas las razones para su disolución, pero la más obvia es la personalidad de ex ministro, ya que a su juicio “no tiene carisma”.

En su columna en El Mercurio, Peña señala que a pesar que el Servel ordenó la disolución de Ciudadanos por no reunir las firmas necesarias para inscribirse como partido político, “nada está perdido del todo -aún puede salvar algún retazo-, pero la disolución de su partido ya rozó el ridículo, que es la peor forma del fracaso”.

Sobre su fracaso, el académico señala que la explicación “más obvia es la personalidad -es decir, la dimensión pública, el rostro que eligieron mostrar ante los demás- de Andrés Velasco y de algún otro de sus líderes”.

Velasco no tiene carisma. Ese extraño rasgo que hace que un político establezca lazos de intimidad a distancia con la gente hasta lograr que esta piense, siquiera por momentos, que hay algo trascendente allí, es un rasgo que decidió huir de él. Velasco -según muestra su figuración pública- es un ego anegado de sí mismo. Y un ego exacerbado no es lo mismo que el carisma. Algo parecido habría que decir de Jorge Errázuriz, otro de los inexplicables líderes de Ciudadanos. Errázuriz tiene dinero, pero no carisma. Si no tuviera dinero sería -como todos saben- invisible. En él abunda la ausencia de los rasgos que hacen al político”, precisa.

Y agrega que “si Velasco y Errázuriz fueran personalidades contenidas, con conciencia de sus límites, si no olvidaran eso de que un político no llega tan lejos como lo auguran sus virtudes, sino cuanto le permiten sus defectos, el tropiezo del Servel sería un simple fracaso; pero, contrastado con la imagen que cada uno transmitía de sí mismo, lo que pudo ser un tropiezo acaba siendo un ridículo”.

Peña también señala que otra razón del fracaso del proyecto del ex candidato presidencial son las ideas de Velasco y de Ciudadanos, ya que “ellos parecen no haber aprendido cuál es una de las razones de la crisis de la esfera pública en Chile”.

Uno de los malestares que la animan deriva del hecho de que durante mucho tiempo estuvo anegada por las políticas públicas, por la idea de que la racionalidad meramente instrumental podría resolverlo todo. Velasco, sobra decirlo, tiene ideas; pero ninguna de ellas apunta al significado de la vida colectiva, sino que casi todas parecen el fruto de una consultoría. Velasco y Ciudadanos deben aprender que las políticas públicas sin política, sin narraciones que hagan sentido a la vida colectiva, son vacías. En política, como en la vida, se puede soportar cualquier cosa si se puede contar una buena historia acerca de ella, y Velasco, desgraciadamente, no ha sabido contar ninguna. Y ocurre que, sin la capacidad de elaborar esas tramas de significado que confieran sentido a la acción colectiva, es imposible hacer política de veras”, menciona.

El rector de la UDP explica que Velasco vez de hacer política, “ideó una argucia consistente en distinguir dos tipos de ella, la vieja política con la que prometía acabar y la nueva política que prometía instaurar. La primera era irresponsable y embaucadora, la segunda responsable y veraz; la primera se ejercía mediante máquinas que perseguían la captura del Estado, la segunda mediante asociaciones que perseguían el interés común; la primera aburría a los ciudadanos, la segunda atraparía su atención”.

Esta distinción entre vieja y nueva política (una distinción, dicho sea de paso, nada nueva, como lo prueba el hecho de que es el título de una conferencia que Ortega y Gasset pronunció ¡en 1914!) sonaba en el discurso de Velasco como una ficción, una estratagema, una farsa sin sustancia, una simple frase para hilar cuñas y no en cambio (como lo era en el caso de su creador, Ortega) un programa para revitalizar la vida colectiva”, añade.

Sin embargo, Peña sostiene que Velasco incurrió en el error de “creer que -en vez de tejer ideas y significados- bastaba comportarse a la altura de su autoimagen para ganar la adhesión de la gente. Incurrió en la frecuente y torpe confusión de quienes tienen, respecto de sí mismos, una apresurada conciencia de ser una élite, creyendo que basta esa conciencia para que los demás adhieran a lo que dicen o piensan, sin advertir que, en los tiempos que corren, creerse parte de una élite es la mejor forma de asegurarse que nadie seguirá sus pasos”.

Por todo eso, incluso si el Servel enmienda la eliminación de Ciudadanos, incluso si por una estratagema legal el proyecto de Velasco o de Errázuriz, su candidatura o su partido, lograra sobrevivir, el efecto ya es inevitable: tamaño tropiezo para quienes proclamaban ser capaces de hacer bien las cosas, y superar las torpezas de la vieja política, los hunde en el ridículo”, concluye.

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