Expertos llaman a derribar mitos en torno a la Insulina

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A pesar que a nivel internacional es cada vez más recurrente fomentar la insulinización temprana como herramienta de control metabólico de los pacientes con diabetes, antes que comiencen a aparecer las complicaciones propias de esta enfermedad, Pilar Hevia, enfermera de la Universidad Católica y especialista en educación en diabetes, y Bruno Grassi, médico diabetólogo de la misma Universidad, nos explican que la baja adhesión se entiende porque este tipo de terapia está asociado a una serie de mitos sin base científica, generando oposición, suspensión o baja adherencia a este tipo de tratamiento. De ahí la importancia de la educación continua del paciente, y la guía y apoyo de su médico tratante.

Derribando mitos.

Mito 1. La insulinización es el último recurso para el tratamiento de la diabetes.
Según Hevia y Grassi, este es uno de los mitos más comunes y recurrentes, ya que muchos pacientes creen que la insulina sólo se receta cuando se está muy grave o en la última etapa de la enfermedad. Lo cierto es que la insulina es el arma terapéutica más potente para controlar los niveles de azúcar en la sangre, y su momento de inicio dependerá de cada caso en particular; es así que puede utilizarse desde el inicio del tratamiento de la diabetes como también varios años después de su primer diagnóstico, cuando los índices de glucosa no alcanzan los niveles esperados para el paciente. También como una manera de retrasar o prevenir complicaciones y de ofrecer una mejor calidad de vida.

Mito 2. La insulina me provoca ceguera.
Hevia es enfática en explicar que la insulina no daña la vista y que por el contrario es una gran ayuda para mejorar el control del azúcar en la sangre, elemento que al presentarse en altos niveles de manera permanente, no sólo afectará los ojos, sino también a los riñones, corazón, nervios y cuerpo en general. Además destaca que el buen control de la glucosa en sangre detiene o previene la presentación de las complicaciones y al incorporar insulina al tratamiento en forma oportuna, se puede mejorar el control de forma tal que se presente el menor número posible de daños al organismo.

Mito 3. La insulina es mala
La insulina es indispensable para poder vivir, y el organismo la produce de manera natural para aprovechar la energía de los alimentos que consumimos. En este sentido, Grassi explica que en el caso de los diabéticos, requieren inyectársela debido a que su cuerpo dejó de producirla adecuadamente.

Mito 4. Las inyecciones de insulina son dolorosas y me pueden provocar adicción.
Tal como han evolucionado las insulinas, según Hevia, también lo han hecho los sistemas para aplicárselas. De esta forma, tanto las jeringas como las lapiceras de aplicación tienen agujas cada vez más delgadas y pequeñas, haciendo que el proceso de inyección sea menos doloroso y más cómodo.
Respecto de la posible adicción, Grassi lo descarta por completo y recuerda que se trata de una hormona que todos producimos de manera natural. La aplicación de insulina, así como la toma de muchos otros medicamentos, debe seguir un plan, es decir, un horario y una cantidad determinado por el médico para cada paciente. Mientras para algunas personas con diabetes tipo 2, la insulina puede ser un tratamiento temporal, para los que sufren de diabetes tipo 1, es de por vida.

Mito 5. Tengo que usar insulina porque fracasé en el cuidado de mi diabetes.
Según Hevia y Grassi es importante enfatizar que la diabetes es una enfermedad progresiva y que no tiene cura. Para aquellos pacientes que no han integrado este tipo de tratamiento en su inicio, la incorporación de insulina obedece eventualmente a un apoyo cuando los medicamentos orales no logran mantener la glucosa dentro de los niveles recomendados. En algunas ocasiones, el perfil de cada paciente determina que algunas drogas orales sean poco aconsejables o incluso riesgosas, por lo que la insulina debe verse como una alternativa más y no como la última línea de tratamiento luego de haber probado con todas las píldoras.

Un poco de historia

A 85 años de su descubrimiento por el científico rumano Nicolae Paulescu, la insulina sigue siendo una importante herramienta en el tratamiento y control de la diabetes tipo 1 y 2. Utilizada durante las distintas etapas del tratamiento, según las necesidades de cada paciente y las recomendaciones de cada especialista, la insulinización aparece como un importante apoyo en el control de esta enfermedad por su efectividad y seguridad. De hecho, estudios internacionales han demostrado que un tratamiento precoz con insulina no sólo mejora el control glicémico y reduce la aparición de complicaciones, sino que también puede prevenir o retrasar la pérdida progresiva de la función de las células beta (las productoras de insulina en el páncreas) y posiblemente conducir a una mejor regulación de la Diabetes (normoglicemia).

Al igual como sucede en otros países de la región, Chile presenta una baja tasa de insulinización si se compara con países como Inglaterra, Estados Unidos y China, los que bordean cerca del 30% y donde los pacientes diagnosticados han logrado mantener un mayor control de sus niveles de glucosa según lo esperado.

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