Personas con poca vida social podrían ser más felices si son inteligentes

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De acuerdo a un estudio que se publicó el mes pasado en el British Journal of Psychology, es posible que no haga falta pasar mucho tiempo con amigos para ser feliz. De hecho, si eres inteligente y vives en un entorno urbano, pasar menos tiempo con tus amigos te puede hacer más feliz.

Después de observar la información sobre el estatus socioeconómico de las personas analizadas, los investigadores llegaron a la conclusión de que las personas de inteligencia inferior a la media (según los exámenes de coeficiente intelectual) que vivían en entornos con una densidad de población más elevada (como en las grandes ciudades) se mostraban menos satisfechas ante la vida que aquellos que vivían en zonas rurales. También se descubrió que cuantas más interacciones sociales tenían los adultos con un coeficiente intelectual más bajo, más felices eran.

Sin embargo, a las personas con un coeficiente intelectual superior a la media les ocurría lo contrario. Las personas más inteligentes estaban más satisfechas con su vida si vivían en una ciudad y eran más felices si pasaban menos tiempo con sus mejores amigos.

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¿Por qué las personas más inteligentes tienen estos resultados?

Según la “teoría de la felicidad de la sabana”, puede que las cosas que hacían felices a nuestros ancestros de la sabana africana —como vivir en entornos rurales cerca de tribus cazadoras y recolectoras— nos sigan haciendo felices en la actualidad.

En otras palabras, el cerebro humano puede haber evolucionado para funcionar mejor en un entorno rural con menos personas. Cuando se encuentra en una zona urbana con más densidad de población, el cerebro nos manda señales para que nos dividamos en círculos sociales más pequeños. Esta es la teoría que el doctor Satoshi Kanazawa, psicólogo de la London School of Economics y principal autor del estudio, explica al HuffPost en un e-mail.

“En gran medida, el cerebro responde al entorno actual como si fuera un entorno ancestral, como si todavía fuésemos cazadores recolectores que viven en la sabana africana”, afirma Kanazawa.

Al igual que la dieta paleolítica, la teoría de la sabana (o de la felicidad paleolítica) sostiene que tanto el cerebro como el cuerpo siguen prefiriendo las condiciones de hace miles de años.

“El cerebro humano, igual que cualquier parte del cuerpo, está diseñado evolutivamente para adaptarse a las condiciones del entorno ancestral”, aclara Kanazawa. “Por eso, el cerebro tiene dificultades para comprender y lidiar con seres y situaciones que no existían en ese entorno”.

Kanazawa opina que la inteligencia ayudó a que los humanos evolucionaran para preocuparse de algo más que de su supervivencia. Por lo tanto, es posible que las personas con un CI superior a la media estén más preparadas para superar factores estresantes que nuestros ancestros no habrían sido capaces de procesar mentalmente. Factores como, por ejemplo, vivir en Nueva York.

“Las personas más inteligentes están más capacitadas para ver una situación evolutiva nueva, como un entorno con más densidad de población, tal y como es: una situación favorable en la que no hay necesidad de alarmarse o de sentirse incómodo”, revela Kanazawa. “Por lo tanto, las personas más inteligentes tienen menos probabilidades de ser menos felices como consecuencia de vivir en un entorno con una densidad de población alta que los individuos menos inteligentes”.

La doctora Carol Graham, una importante investigadora sobre la felicidad que trabaja en el centro Brookings Institution de Washington (Estados Unidos), explicó al periódico The Washington Post que es posible que las personas más inteligentes consideren la socialización como una simple distracción de cosas más importantes como forjarse una buena trayectoria profesional o perseguir objetivos de superación personal.

“Estos descubrimientos sugieren (y no es de extrañar) que las personas más inteligentes y con más capacidad de utilizar esa inteligencia tienen menos probabilidades de pasar mucho tiempo socializando porque están concentradas en otro objetivo a largo plazo”, argumenta Graham.

Fuente: huffingtonpost.es

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