El divorcio y el matrimonio que nos retrata

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El matrimonio sigue siendo una institución relevante para los chilenos. Las cifras de personas que contraen dicho contrato mantienen una tendencia al alza respecto al 2005, año en que los ciudadanos en Chile tuvieron por primera vez derecho a divorciarse sin utilizar el subterfugio de la nulidad alegando fallas en el procedimiento del contrato matrimonial por incompetencia del oficial de Registro Civil, al no ser el correspondiente al domicilio de los contrayentes.

Esto, porque el 7 de mayo de 2004 fue promulgada la nueva Ley de matrimonio Civil o simplemente conocida como Ley de Divorcio y cuya tramitación duró casi una década con la oposición de la Iglesia Católica que anticipaba desastres varios para la institución familiar; ley que entró en vigencia seis meses después de su publicación, en noviembre del mismo año, con lo que se logró derogar la Ley de Matrimonio Civil de 1884.

Chile dejaba de ser con esto uno de los tres países en el mundo que no contemplaba el divorcio. Los otros dos eran Malta y Filipinas.

Desde entonces los matrimonios han experimentado un claro aumento, en 2005 se contabilizaron 54.724 enlaces, diez años después 10.000 parejas más contraían matrimonio-se celebraron 63.749matrimonios el año pasado-.

Esta cifra se contextualiza también porque algunas parejas optaron por el Acuerdo de Unión Civil (AUC), alternativa válida desde el 22 de octubre de 2015, y que a partir de entonces, y hasta el 31 de diciembre unió a 2.201 parejas, de las cuales se cuentan 278 formadas por dos mujeres, 358 de dos hombres y 1.565 de diferente sexo.

Sin embargo, el mayor cambio que se registró en materia matrimonial en los últimos años es la separación.

argollas

Entre el 2005 y 2015 esta manera de dar fin al lazo matrimonial tuvo un vertiginoso crecimiento de 3.616%. Mientras en 2005, 1.191 parejas se divorciaron, 2015 fueron nada menos que 44.260 las parejas que lo hicieron.

Según el Poder Judicial, las causas más aludidas para terminar la relación son las infidelidades y los problemas económicos.

En los últimos años los “problemas económicos” prácticamente han igualado a la “infidelidad” entre las principales razones por las cuales los chilenos se separan. Según estadísticas presentadas por el portal “separados de Chile”, su director, Ricardo Viteri, indicó que “engañar a la pareja, ha sido por siete años consecutivos, la causa mayoritaria de quiebres matrimoniales y divorcios en Chile”.

Viteri agregó que “hasta el 2010, seis de cada 10 hombres y mujeres casadas se separaba por infidelidades de la pareja, sin embargo desde el 2011, el porcentaje de tal causal disminuyó a un 41,5% mientras que el de problemas económicos casi iguala al de los engaños maritales, con un 40,35”.

Según el director del portal especializado en el tema agregó que “la disminución porcentual no implica menos infieles y engañados. La razón de la baja radica en el incremento de cónyuges que pertenecen a los segmentos socioeconómicos ABC1, C2 y C3, dispuestos a perdonar una relación extramarital de su pareja”.

Esto, porque los hombres y mujeres afectadas por la infidelidad de su pareja están evitando la separación para mantener el mismo nivel socioeconómico y estándar de vida al que están acostumbrados.

La misma razón que explicaría porque los chilenos evitan separarse-y perdonar sus infidelidades- cuando hay intereses económicos de por medio que resguardar, permite explicar también las estrategias de búsqueda de pareja.

De hecho, la búsqueda de pareja está muy determinada en Chile por los aspectos sociales como el lugar donde se vive, un semejante nivel de estudios y donde se trabaja.

Según un estudio de Florencia Torche, profesora del Instituto de Sociología de la Universidad Católica, comprobó, luego de analizar los matrimonios desde 1970 a 2002, que hay un elemento predominante: En el 49% de las uniones en Chile los contrayentes tienen igual nivel educacional, lo que se conoce como homogamia educacional.

Hay más. El estudio de Torche muestra que la proporción de matrimonios entre personas que atraviesan una barrera educacional-donde, por ejemplo el hombre tiene solo la enseñanza media y la mujer estudios universitarios-cayó progresivamente en 30 años.

Esto lleva, en opinión de Torche, a que “la posibilidad de que se concreten matrimonios entre un cónyuge con educación básica y el otro con universitaria apenas alcanza a 2,3 de cada mil uniones. En cambio ha aumentado la tendencia a casarse entre aquellos con educación universitaria desde 34% en 1970 a 52% en 2002”.

En opinión de la socióloga del Instituto de Ciencias Sociales de la UDP (Icso), María Luisa Mendez, la posibilidad de encontrar la ‘media naranja’ tiene menos de azar de lo que se cree y los factores sociales ejercen una gran influencia, “una pareja con similar nivel de educación tiene un potencial de ingreso similar, lo que los motiva a casarse. Se trata de una preferencia revelada, que sugiere que las personas compiten por estatus socioeconómico”.

Lo que ha ocurrido, en opinión de Torche, es que en otros países la homogamia educacional sigue en aumento: “Importa menos si vienen de origen diferente, pero les importa más si la educación que tienen es igual”.

Ya se puede deducir los alcances sociales que tiene esto en un país como Chile donde la estratificación social se manifiesta y confirma ya desde la primaria y concluye en mejor acceso a la universidad, que a su vez se vuelve prohibitiva para los sectores bajos de la sociedad con aranceles por sobre el salario mensual de la mayoría de los ciudadanos.

Proximidad educacional entre los cónyuges

Este punto se puede esclarecer con el estudio de la profesora de Economía de la Universidad de Nueva York (NYU), Raquel Fernández, que analizó la correlación entre los años de escolaridad de cónyuges de 30 países: Chile, con un índice de 0,6, se colocaba como el sexto país con menor variedad en términos educacionales de las parejas que ahí se conforman.

La lista era encabezada por Colombia-índice de 0,8-, que al mismo tiempo es el país de América Latina con peor distribución de la riqueza; Chile, a su vez, es el segundo país de Latinoamérica con peor distribución de la riqueza y entre los 20 países, en todo el mundo, con un índice de desigualdad más acentuado.

El país con mayor variedad educacional entre sus parejas, se encontraba Australia, con un índice de 0,3 en este estudio. Un país con un elevado nivel de bienestar y desarrollo económico que ratifica, además, los análisis que relacionan el desarrollo económico de un país con elevados índices de igualdad social.

Así mismo, en opinión de Torche, Socióloga de la U. Católica, la composición de los barrios es otro elemento que favorece esta tesis. “El modo como se organiza la sociedad chilena de los barrios, en los cuales hay mucha concentración de un mismo nivel socioeconómico, hace que cuando las personas van al gimnasio o al supermercado encuentren personas de nivel similar”.

Esta configuración, en opinión de Raquel Fernández, no ocurre en Canadá o en países europeos y es usual encontrar en un mismo lugar a personas de distinto grado de escolaridad, favoreciendo el contacto. “Las decisiones privadas, cómo dónde vivir o dónde ir a la escuela, son sensibles al grado de desigualdad y se alimentan a través de las opciones civiles, que luego tendrán importantes consecuencias sociales”.

Es por esto que en una sociedad con una altísima desigualdad, se origina una importante guerra de colocación de los hijos en las mejores escuelas.

Segmentadas, asimismo, a través de la elección de sus estudiantes; selección que no se limita solamente a los colegios privados en Chile, sino que se desborda hacia los colegios subvencionados por el propio Estado, ante la avalancha de familias que buscan una educación exclusiva.

Familias que no quieren caer en la educación pública, que es vista como la institución de baja calidad que confirma no solo una educación estratificada, sino que conforma una cadena, con aval de Estado, que confirma dicha diferenciación social.

El Estado no puede financiar dicha situación, debe potenciar, al igual que debería hacer en la salud, un sistema “universal” de educación. Pero asimismo, nulo se adivina este intento, si antes Chile y ‘su’ Estado, no solucionan la mala distribución de la riqueza, que coarta la oportunidad de desarrollo del país y conforma una realidad urbana de comunas/ghettos.

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